05/11/2010 por Marcelo Paz Soldan
Mutihabitando: la cultura boliviana dentro de cincuenta años

Mutihabitando: la cultura boliviana dentro de cincuenta años


Nuestra cultura dentro de cincuenta años
Por: Mauricio Rodríguez Medrano

Carlos Chambilla Tórrez (20 años). Cada mañana, antes de salir de casa, se amarra los cordones de sus zapatillas Nike. No le gusta usar calzados porque no van con su forma de ser. El estilo de música que escucha es el reguetón, pero cuando va a las discotecas le gusta bailar la última tanda de música nacional. Se considera paceño de El Alto y estudia Derecho en la Universidad Católica Boliviana. Sus abuelos vivían en Matienzo, un pueblo localizado a 120 kilómetros de la ciudad de Potosí. Su padre, Rolando Chambilla Machaca, llegó en 1970 a la ciudad de La Paz para buscar trabajo por la sequía que azotaba su pueblo. En la metrópoli conoció a Rosario Tórrez Sempértegui con quien se casó siete años después. Carlos comenta que su cultura viene del norte, sur, este y oeste: “Dentro de 50 años tendremos una cultura global”.
Martín Mercado Vásquez, filósofo paceño, sostiene que las transformaciones culturales no tienen irrupciones muy notorias sino, más bien, son un conjunto de etapas que se viven de una forma simultánea. “Al final nunca hay cortes en nuestro presente. Se viven varias etapas”.
Los abuelos de Carlos Chambilla vivieron y murieron en Matienzo. Se dedicaron a la siembra de papa y al pasteo de cabras. Jamás salieron del pueblo, donde rara vez llegaban los automóviles porque el camino tienen muchas fallas naturales y apenas entra una carreta pequeña. “Papá me cuenta que mis abuelos murieron cuando la electricidad y el agua potable llegaron al pueblo”.
Cleverth Cárdenas, literato paceño, explica que hay dos factores que influyen en la cultura: el contexto histórico y el tecnológico, pero que no condicionan al arte. “En el caso boliviano es bien difícil decir qué pasará de aquí a 50 años. Estamos en un momento en que las posibilidades se abren para todos. Se están dando condiciones históricas, pero en el marco cultural artístico muy pocos se han pronunciado, por ejemplo, respecto a Octubre negro”.
Rolando Chambilla Machaca, padre de Carlos, tuvo que dejar Matienzo debido a una sequía que duró cinco meses. Caminó 120 kilómetros que le separaban de la ciudad de Potosí y allí decidió migrar a La Paz. Al llegar a la metrópoli se instaló en un tambo de la zona de Max Paredes y decidió trabajar de cargador para sobrevivir. Ahorró el dinero suficiente y lo primero que hizo fue comprar un televisor.
Lía Tito Chura, estudiante de Literatura, afirma que la sociedad está sufriendo transformaciones. “No es gratuito que haya cambas en La Paz y haya collas cochalas en San José de Chiquitos. La cultura de San José de Chiquitos está muy estereotipada con su música jesuita, pero no es la cultura de ese lugar. En ese pueblo hay una fiesta de Urkupiña y una fiesta del 16 de julio, somos uno y todos nos habitamos, todos nos mutihabitamos”.
El padre de Carlos Chambilla conoció a Rosario, que también había emigrado a La Paz desde la mina de Porco. Se enamoraron. Para ese entonces, Roberto Chambilla ya vivía en un cuarto alquilado de Ciudad Satélite (El Alto). Trataron de criar a sus hijos de la mejor manera. Primero nació Juan Chambilla, quien aprendió a tocar la quena, el juego con canicas, la tuncuña y agarrar el trompo en movimiento en la palma de la mano, sin que éste dejara de girar. En su juventud escuchó a los Bee Gees y a Sandro, se enamoró de los pantalones de campana, se dejó crecer la melena y aprendió a bailar Fiebre de sábado por la noche.
Adolfo Cárdenas, escritor paceño, comenta: “Obviamente y tristemente vamos a ser parte, probablemente de una cultura global, de unos procesos bastante torpes entre oriente y occidente”. Dice que más adelante no existirá una división marcada entre una cultura urbana y rural. Todo tenderá a unirse y los notarán esa unión serán las generaciones posteriores.
El último en llegar a la familia fue Carlos, quien no conoció el trompo, ni sus diversas formas de hacerlo girar. De pequeño le gustó el animé y se convirtió en otaku (fanático japonés del animé). Empezó a tratar de imitar a algunos personajes de series de películas piratas compradas en la feria de la zona 16 de julio. “Cuando era más chango me gustaba Dragon Ball y no sé qué otras cosas más. Ya no me acuerdo. Lo dejé porque preferí el reguetón”.
Martín Mercado comenta que las manifestaciones culturales como el reguetón son, de alguna manera, excluyentes, pues imponen estéticas que moldean formas de pensar, de vestir, de actuar. “Imagino a la cultura dentro de 50 años todavía como una lucha por seleccionar qué tipos de humanismos se han de experimentar”.
Carlos Chambilla saldrá a una fiesta dentro de poco. Ya terminó de amarrarse las zapatillas Nike, se colocó alrededor del cuello una cadena de brillantes que tiene una inscripción que dice Cuba Libre. En su escritorio tienen un libro abierto de aprendizaje de inglés. En la entrada de su casa existe la imagen en yeso de la Virgen de Copacabana que sus padres le prenden velas cada lunes de la semana. “Dentro de 50 años seré viejo y no seré reguetonero seguramente”.
Continuará…
Fuente: Ecdótica