06/30/2008 por Marcelo Paz Soldan
Mujeres escritoras bolivianas

Mujeres escritoras bolivianas

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Sobre escritoras bolivianas
Por: Emma Villazón Richter

(La escritora Mara Lucy García elaboró una antología sobre literatura femenina. El libro Escritoras bolivianas de hoy es analizado por la autora de este artículo, que llega a una conclusión: la identidad femenina es un denominador común en las ilustres literatas mencionadas en la obra. Este artículo continúa una serie de artículos publicados en ecdotica, por lo que para aquellos que estén interesados en profundizar sobre la literatura femenina en Bolivia les recomendamos busquen los artículos publicados el 9 de abril de 2008 “Literatura femenina como epiteto, no como género literario de Martín Zelaya Sánchez y el artículo publicado en ecdotica el 12 de diciembre de 2007 “Willy Muñoz indaga en las letras femeninas bolivianas”).
Si partimos del lingüista Roman Jakobson, quien planteaba que en una obra al predominar la función poética se produce un desdoblamiento de la referencia del mensaje y del emisor, tenemos que quien ‘escribe’ una obra literaria, o sea el escritor, no es precisamente ‘quien nos habla’ en el texto, pues éste al producir un mensaje literario adquiere otra voz, una de carácter virtual. Este planteamiento apuntaba a que entendamos que toda obra literaria habla por sí misma, más allá de la moral, la política, la creencia religiosa, la biografía o el género del autor.
Y aquí me detengo para reflexionar en torno al género del escritor. Si la validez de una obra está dada por sí misma, por su lenguaje, por la manera en la que alguien nos quiere decir algo, y no por quién nos lo dice ¿por qué es importante hablar de escritoras? ¿Por qué resulta necesario hacer una antología de escritoras bolivianas? Probablemente por una motivación que entra en el ámbito histórico, y por otra, meramente literaria.
Primero, señalo que una antología de este tipo tiene un enfoque histórico, porque es una muestra del ingreso y la instalación de la mujer como un colectivo, en el ámbito de las letras. En este sentido, una antología realizada bajo este criterio cobra importancia, porque intenta reflejar los avances en la toma de espacios por parte de la mujer en la historia. Nos sirve para ver cómo se han desarrollado los roles de género y cómo hoy en día se enriquecen mutuamente.
Al menos, así nos señala esta obra. En el contexto actual boliviano, las escritoras ya no tienen conflictos para publicar, o para ser tomadas en cuenta en antologías o concursos, por una cuestión de género. Existe un sentimiento compartido por parte de las autoras de que su arte es respetado en condición de igualdad con el del hombre. Años atrás, me refiero a comienzos del siglo XX, es evidente que hubo una escasez de escritoras bolivianas, sólo basta acudir a diarios, selecciones de autores y libros de historia de literatura para pescar algunos nombres o directamente toparnos con la ausencia de éstas. Esta situación debe buscar respuestas en una revisión en la historia boliviana sobre la forma de vida de la mujer en todos sus estratos. ¿Qué posibilidades de escribir tenía esa mujer, y qué posibilidades de que su literatura fuera tomada en cuenta? ¿Cuáles eran los roles asignados a hombres y mujeres? ¿Quiénes establecían esos roles? Indiscutiblemente es un campo interesantísimo de estudio, que está relacionado con la distribución del poder. Sin alejarnos mucho, deberíamos de preguntarnos, aunque nos incomode, como si nos pusieran una soga al cuello: ¿Cuántos nombres sobresalientes de poetas cruceñas figuran en la historia de la literatura boliviana del siglo XX? ¿Por qué encontramos a tan pocas? ¿Realmente existieron escritoras cruceñas destacables a comienzos del siglo XX, o fueron invisibilizadas?
Por fortuna la situación actual es más prometedora, porque no sólo se está dando un espacio a las artistas contemporáneas, sino que se está logrando reivindicar a escritoras olvidadas y de darles su lugar en la historia, como a Hilda Mundy y María Virginia Estensoro, cuya publicación de sus obras en La Paz ha abierto los márgenes para nuevas lecturas y estudios.
Pero volviendo a mi afirmación anterior, insisto en que el panorama actual es positivo, porque a la escritora se la reconoce como un igual frente al hombre, a pesar de que para muchas sigue siendo difícil conciliar las tareas del hogar con las del arte. Pero sin plantear esto último como un obstáculo, creo que hoy en día el derrotero de la escritora es otro: está pasando de un periodo de inclusión, en el que luchaba por insertarse como grupo social en un espacio, a un momento en el que debe ser reconocida por la calidad de su obra. Y sin temor a equivocarme, quisiera pensar que ésa es la lucha de todas ahora: una alta calidad literaria.
El segundo aspecto por el que pienso que la obra de García tiene relevancia es porque reabre el debate sobre la existencia de una escritura femenina, sobre aquella posibilidad de que existan ciertos rasgos (tonos y/o temáticas) comunes en los textos de escritoras. Sobre este punto, si volvemos a Jakobson, nuestra posición tendría que ser contraria a esa clasificación de literatura, porque lo que en el fondo él nos ha revelado es la libertad del escritor frente a la obra literaria, así que concebir a la escritura de la mujer como un reflejo de su condición, sería un error. Así al menos yo lo pensé por un buen tiempo. Pero luego caí en la cuenta de que resultaría una equivocación pasar por alto el hecho de que un gran número de escritoras de esta antología escribe desde una voz femenina: ¿será azaroso? No creo. En algunas, esta decisión ha sido consciente; en otras, ha fluido espontáneamente. En este sentido, es necesario aclarar que esa supuesta objetividad del escritor a la hora de crear no existe, pues es un ser inmerso en sociedades que no son nada pulcras como tampoco neutras. Por lo que pasé a comprender que cuando la escritora se reveló como una Eva en el paraíso de las letras, la primera palabra que debió haber dicho fue en torno a su existencia, pues tenía que construirse a sí misma a través de ese otro mundo posible que es la literatura. Lo mismo probablemente ocurriría si nos hablara desde el texto literario el último habitante de un pueblo desaparecido, es muy probable que hablara de los suyos, de su aislamiento, de la opresión que otros ejercieron sobre su gente.
Por eso una de las frases que subrayé cuando leí la antología que nos presenta Mara, es una de Virginia Ayllón, autora incluida en este compendio, quien dice en un fragmento de la entrevista: “Para tener una identidad de escritora hay que tener una identidad de mujer, sea lo que eso sea”.
Creo que la complejidad del ser femenino es un tema con el que es natural que se inicie una escritora (y no precisamente con una intención política), y con el que luego continúe en su carrera para mostrarnos esa madeja de relaciones humanas y vida interior de la mujer. Sin embargo, no creo que la escritora esté limitada a ese tema u obligada a hablar de él; reitero mi rechazo a la existencia de temas predeterminados por la identidad del escritor. Considero que las similitudes de tono de las escritoras bolivianas que se hallen en el libro Escritoras bolivianas de hoy, corresponden a la necesidad de configurar voces en momentos determinados de la historia, voces que crecen a medida que pasa el tiempo, pues se sumergen de forma más profunda en nuevas y arriesgadas posibilidades de comprensión de ser mujer y también del ser hombre. En otras palabras, lo que quiero decir es que primero las escritoras han tenido que decirse a sí mismas, construir cierta identidad femenina con todos sus alaridos, luces y sombras, y hablar desde cierta voz poética de la que carecía la historia de la literatura boliviana, para luego hablar con mayor libertad de sí mismas y de los demás.
Fuente: www.eldeber.com.bo