septiembre 16, 2011 por Marcelo Paz Soldan
Mi ventana

Mi ventana


Mi ventana
Por: Javier Claure C.

Hoy, por la madrugada, eché a volar una golondrina por mi ventana, y regresó al anochecer para contarme todo lo que había visto y oído en Estocolmo:
Un inmenso proyectil estalló en una isla coronada por murmullos inocentes, y Noruega llora, día tras día, la tragedia y la traición.
Donde la muerte ataca de puntillas sin ningún precedente, sin ningún toque en la puerta, y se hace sentir violentamente, como un golpe de hacha contra el árbol.
Una mujer que en su delirio gritaba sus más hondas congojas, se quitó los zapatos, y escondió sus recuerdos en las calles.
Donde la gente caminaba entre huesos, y relojes que marcaban las horas al revés.
El jardín del Rey con sus claveles y amapolas color sangre, sus faroles de antaño y sus laberintos de amor, se adentró a un cofre de cristal.
Donde la presión es más suave, y nadie ha tocado sus paredes que atesoran un lenguaje oculto.
Un lago se desbordó en forma de triángulo, y la luna soltó mercurio cumpliendo su rol de espejo reflector.
Donde el trigo crece sin cesar, donde las sirenas cantan el advenimiento de una niña en las colinas, y los caballos se refugian debajo de un balcón.
Una calavera que cuelga del tumbado como si fuese una belleza agotada, despidió fuego verde por la boca, y lanzó un suspiro de trueno.
Donde las fábricas expulsan humos tóxicos, y máquinas vestidas de novia.
El músico rumano, que esperaba una moneda en el andén, tocó la guitarra de la vida con un aire de alegría y de añoranza.
Donde el viento silba la felicidad de una boda, y el dolor del caótico mundo que relampaguea como luciérnaga dentro un túnel.
Un fantasma con espuelas doradas, cantó desde la chimenea, y los buitres perforaron palabras por placer.
Donde la lluvia cae resonando una alegre tonada, y los precipicios se apoderan del mundo y sus enigmas.
Una casa hecha de perlas multicolores, se incendió en plena avenida, y las virgenes hacían caricias al perfil de la fogata.
Donde el humo crece desde las raíces, y los sueños se esfuman en el aire como garras de tigre trastocado.
El vientre inmaculado dio a luz entre nardos, y la criatura llegó como un ángel al rocío.
Donde las caricias son el pan de cada día, y los poemas se tallan con pétalos de rosas.
Hoy, por la noche, eché a volar un búho por mi ventana, y regresó al amanecer para contarme todo lo que había visto y oído en Estocolmo:
Un tren lleno de pasajeros se desvió en medio camino, y atravesó un frondoso bosque.
Donde los suecos acuden a bailar y a beber cerveza.
Una antena parabólica, en el barrio periférico de Rinkeby, captó imágenes que mostraban otras calles, otros aviones, otras locuras y voces en diferentes idiomas.
Donde turcos, africanos, latinos, europeos y otras nacionalidades conviven bajo la misma bandera.
El viernes de soltero, o de viuda con azúcar en los labios, se celebró la fiesta de los poetas, y las estrellas, con todas sus puntas, alumbraron los versos más celestes de la noche.
Donde el diccionario no tiene validez, donde el sujeto tiene vida propia; y una realidad linguistica se interpone a las jerarquías establecidas.
Un puente envuelto entre sábanas, se levantó sobre el mar como quejándose de un mal incurable, y el cemento de su estructura, liberó un líquido maloliente.
Donde la hipocresía y la envidia se ocultan, como serpientes, en los pliegues de un acordeón apolillado por el tiempo.
Una llave que volaba por el cielo, se incrustó entre dos lápidas, y abrió el libro del misterio.
Donde muchas madres dicen su clamor por las heridas de la tierra, y los rostros arden como carbones olvidados en el desierto.
El loco que se tiró a los rieles, no entre las cuatro y seis de la tarde; sino exactamente a las 24:00 horas, enterró su nombre en la nieve para siempre, y la policía anunció el declive de una sociedad del bienestar.
Donde los objetos brillan con ojos de crédito, donde las personas se preocupan mucho más por el dinero, el consumo diabólico; y la miel suele ser ácido sulfúrico en las mentes.
Un templo, cuya torre de marfil apuntaba hacia el sur, se desplomó como por arte de magia, y sus santos fueron a parar a las montañas más altas.
Donde los fieles llevan combustible de su propia hoguera, y las bocas repiten la acción de los proverbios.
Una pantalla transmitía las noticias de invierno, y los periódicos censuraban sin compasión los juicios en contra de la verdad.
Donde los ojos hierven como bolas de vidrio, y los artefactos eléctricos humean señalando la furia de los que tienen dos dedos y medio de frente.
El muro del castillo, percudido por su majestad Carlos Gustavo, lloró por los adulterios, el despilfarro de dinero y los engaños que florecen en su patio central.
Donde una fuente de agua cristalina expulsa aceite negro, y las flores son símbolo de injusticia.
Fuente: Ecdótica

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