08/05/2008 por Marcelo Paz Soldan
Historias colaterales en Tukson

Historias colaterales en Tukson

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Historias colaterales en Tukson
Por Roger Otero Lorent
Novela híbrida

gNovela híbrida que también podría denominarse “narrativa fusionada” o “novela/cuento” o simplemente “novela”. Las interpretaciones pueden ser varias, y tan avezadas como fútiles. Al fin de cuentas, lo que debe importar es la calidad de su contenido. Y el zarandeo lingüístico de Giovanna en Tukzon seduce con maestría. Maestría que no es la actualmente cursada en Florida (EEUU), gracias a la beca Fulbright. Maestría porque es una de las voces más auténticas que la nueva narrativa boliviana propone con sello de exportación.
Pero no deja de llamarme la atención la estructura de la obra. El lenguaje de Giovanna en Tukzon, “tomado en su conjunto, es multiforme y heteróclito; a caballo en diferentes dominios”, a la vez racional y psíquico, pertenece además a la realidad natural de nuestro entorno y a la del ‘más allá’, la del enigma y la especulación. En este caso, al estar más cerca de la novela que del cuento predomina el primer término sobre el segundo. La autora ha reinventado una forma de escribir ficción. Así como Cortázar le diera a Rayuela una suerte de pasadizos intertextuales, Giovanna recrea una especie de sinapsis ficcional donde un capítulo puede leerse con libertad, prescindiendo de los demás, o conectarse con el resto en regular sintonía.
Viaje inesperado
Una escritora de cuentos de terror y fantasía decide viajar a Tucson en busca de una historia sobre “coyotes”. Mother Fucker es la revista que le auspicia la aventura (buen título para los promotores de entretenimiento freak). A través de un lenguaje recio, desinhibido, se plantea el eje temático que presenta a esta mujer como una artista necesitada de dinero, alimentada desde un abismo donde la rutina, el patetismo y lo trillado empolvan su profesión y su vida como mujer, divorciada, casi viuda. Los textos que subyacen en la imaginación de la reportera aquilatan el sentido que luego cobrará la novela, cuando el género fantástico de la historia prevalezca.
Desde el primer capítulo o, más propiamente dicho, capítulo cero, un lector avispado no podrá evitar sonreír cuando se dé cuenta de que la vida metafórica de nuestra primera protagonista (en esta obra hay tantos protagonistas como fragmentos autónomos de novela) pronto se ha convertido en realidad. Ella termina formando parte de una historia de ciencia ficción como las que está acostumbrada a escribir. Ariadna Nemesis, un misterioso contacto sin tiempo ni espacio determinado, se encargará de hacerle ver la paradoja en la que se encuentra. Porque los coyotes que saldrán a su paso no serán ni medianamente mamíferos, ni animales ni humanos que cruzan la frontera a indocumentados (aunque si lo fueran no importaría, porque los extraterrestres pueden asumir muchas formas), y sí “traficantes de genes”.
Historias que secuestran los sentidos
Abundante en imáenes, imágenes que se acercan al tratamiento poético de películas como las de Kubrick (incluido como un personaje más), la narrativa de Giovanna se adhiere a un concepto fílmico de monólogos existencialistas y diálogos directos y esporádicos. El capítulo 6, “Other voices”, parte de un hecho real y catastrófico, como lo fue la destrucción de las Torres Gemelas, y hábilmente se mezcla con la aniquilación de la vida, no sólo física sino, y principalmente, moral del ser humano. La filosofía del vivir está aquí, en la voz de una muchacha que necesitaba 13 días para lograr su ansiada transición a mujer, en aras de la libertad. Es también la voz de una cultura babélica.
Los símbolos estadounidenses refuerzan la caracterización de los personajes y otorgan la verosimilitud necesaria para nutrirlos de una cultura muy diferente a la boliviana. Gringos y nipones se suman a la tripulación de culturas alienantes. Aunque el comandante de esta odisea no sea un individuo o un ser o un ente, porque ellos únicamente son instrumentos de una premisa, un motivo, un ideal, la supervivencia.
Revelaciones como la siguiente sustentan al relato: “Quizás en ese momento yo ya era un fantasma y no lo sabía, pues el desprendimiento ocurre antes de que se produzca la muerte física…”. Existe una fundamentación teológica para explicar, a grosso modo, los acontecimientos sobrenaturales: detalles astrológicos, guiños míticos, alusiones metafísicas, conexiones astrales.
Sentimientos, isotopías, performances
El amor como ternura alcanza su punto más álgido en “Nieve”. La nostalgia y la angustia sofocan el corazón de una madre amantísima y culpabilísima. Este sentimiento está presente siempre, a veces en rasgos personales, partículas, desdoblamientos, y otras, en la totalidad del capítulo o cuento, como un mensaje alterno. La muerte como oposición a la vida también es una característica que sobresale; la muerte como conciencia de no estar vivo; la muerte como fatalidad; la muerte como un mal que se debe corregir; ‘enfermedad’ que tiene antídoto: mutaciones que miembros de la farándula jolivudense aceptan.
Analogías con ardillas, premeditadas equivocaciones en la pronunciación (Tucson = Tukzon), razorbacks, una chica-pez, un abogado sin escrúpulos, Nicole Kidman y Tom Cruise, un desierto, inmigrantes ilegales, órganos arrebatados, Bluetrain, un revólver púrpura, saltos en el tiempo, un complot alienígena, etc. La imaginación de Rivero no acepta mesuras, así como su destreza en compaginarlas no consiente a lectores tímidos, porque su prosa es voraz, entretenida y salvaje (forma parte de la escuela de tecleos noctámbulos).
Fuente: Ecdótica