septiembre 15, 2020 por Sergio León

Harry Marcus, remembranza de un escritor cochabambino

Por Franklin Anaya Giorgis

“El sol poniente preguntó:
-¡No hay quien pueda relevarme?
-Se hará lo que se pueda maestro, dijo la lámpara de barro.”
Rabindranath Tagore

Ha partido Harry Marcus. Su mente budista conoce el camino de regreso al océano que llamamos dios.

Nace en Essen, Alemania, el 8 de mayo de 1940. Después de la Segunda Guerra Mundial emigra con sus padres a Cochabamba- Bolivia, donde transcurre su infancia y juventud. Estudió en el Colegio San Agustín, y la Normal Católica, graduándose de profesor de literatura y Castellano. Profesión que ejerció toda su vida.

Fue muy querido profesor de literatura del Instituto Eduardo Laredo de Cochabamba.

A principios de los años 80, retorna a su país natal, y desde 1988 reside en Murcia–España. Las fuertes raíces que lo atan a Bolivia -amores y árboles, su tío Beno se inventó el parque Tunari- lo regresan varias veces a la llajta, se quedaba donde su tía Eva, en la calle Tarija y Beni, ahí tenía su cuartito.

Extraordinaria personalidad, escritor prolífico traducido a varios idiomas. Sus bromas cronopias fueron legendarias. Entre sus escritos recordamos Nostalgias de un Cronopio, un epistolario con Julio Cortázar, donde expone algunas anécdotas de su amistad con el escritor argentino.

19.3.77

Amigo Marcus:

La idea de El último poema es excelente, y le agradezco su envío, así como los otros recortes.

Ya se imagina cuánto trabajo tengo y lo imposible que me resulta una correspondencia regular con mis amigos.

Pero quiero que reciba estas líneas de gratitud y de amistad, de cronopio a cronopio.

Un saludo muy cordial, Julio Cortázar.

“El último poema’ a que se refiere don Julio en su carta del 19.3.77 es el título de mi cuento publicado en las páginas de ‘Los Tiempos’, Cochabamba – Bolivia, el 22 de febrero de 1970; luego en ‘Presencia Literaria’ La Paz Bolivia, el 25 de abril y más tarde como parte de la colección ‘El Abismo de Estrellas’ Editorial Canelas, Cochabamba – Bolivia, 1977.” (Harry Marcus, 1988: 177).

Una de las bromas de Harry, celebrada por J. Cortázar es: El muerto en la Biblioteca.

25.1.81

Don Harry:

Su muerto en la biblioteca está muy bien. Yo acabo de ver montones en la biblioteca de Berkeley: no están en una cama sino leyendo, pero da igual.

Gracias por todo, la foto Camino a Los infiernos es muy buena.

Saludos,

Julio.

By the way, su calle Belzbuckel hace pensar en Belzebú.

“Este es el ‘muerto en la Biblioteca’ a que se refiere don Julio en su tarjeta del 25.1.85: en realidad fue una broma urdida para observar las reacciones del público lector en una biblioteca parroquial. Debajo de la sábana solo había un plumón y un par de almohadas, todo dispuesto de manera que imitaba la forma del cuerpo humano. Ningún visitante se atrevió a levantar la sábana, y a quienes preguntaban por la identidad del muerto o el motivo de su presencia allí, se les ofrecía distintas respuestas. Una de las versiones más repetida fue la siguiente: ‘Se trata de un lector muy asiduo, cuyo último deseo fue permanecer unas horas allí, entre los libros que le hicieron vivir tantas emociones y aventuras imaginarias.’

‘Los pormenores de esta broma un tanto macabra fueron luego publicados en “La Región” del 1 – 4 de enero 1981, bajo el título de ‘El cadáver en la biblioteca’, cuyo recorte envié al maestro.” (Harry Marcus, 1988: 185).

“Y esta es la foto con el cartel que señala el camino a los infiernos, mencionada en la misma tarjeta del 25.1.81.

Descubrí el cartel viajando desde Murcia a San Javier, y como es natural, me desvié en esa dirección para averiguar si el alcalde era el mismísimo Diablo.

(…) Al Final de su tarjeta, don Julio dice: ‘By the way, su calle Belzbuckel hace pensar en Belzebú’, y tiene razón: Belzbuckel, la calle dónde vivía entonces, significa ‘Joroba de Belcebú.” (Harry Marcus, 1988: 187).

Harry amaba los gatos, y los perros –son mejores que muchos humanos! -, y cultivaba vivamente jardines eólicos de veletas. Como aviador que nunca fue diseñó una serie de globos aerostáticos, y algunos pasaron por avistamientos de ovnis en Cochabamba, con registro en la prensa. Recuerdo que poseía una carpeta sumamente ordenada de recortes de prensa, cartas de Julio Cortázar y una serie de curiosidades cronópicas. Su casa en Murcia, estaba llena de veletas, de distintas formas y con artilugios propios cada una, a ellas les correspondía un cuento por separado, y cuando sopla el viento dan un concierto de luces y sonidos, combinados en movimientos diferentes. Sus vecinos no notarán su ausencia mientras giren las hélices.

Amaba Bolivia, todo un cochabambino, confesó que cuando regresaba -y lo hizo muchas veces- lloró al ver el avión del Lloyd Aéreo Boliviano, y otras tantas al ver la Cruz del Sur. No pudo quedarse en definitiva por que nunca le salió la radicatoria. En fin, un cronopio nace, es y vive donde quiere, y donde lo quieren. Quisimos mucho a Harry, ¡y la falta que nos hizo!, más no ahora, vencidas las fronteras físicas del cuerpo, recorre el cosmos impulsado por sus veletas. ¡Chau querido Harry! 

Fuente: Lecturas

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