03/25/2010 por Marcelo Paz Soldan
Entrevista a Christian J. Kanahuaty

Entrevista a Christian J. Kanahuaty


Esquirlas de un festival
Por Carlos Gutiérrez Andrade

Esta entrevista la realizó Carlos Gutiérrez a Christian Jiménez Kanahuaty, escritor cochabambino, que ha publicado la novela Invierno con la editorial Correveidile de La Paz que está a cargo de Manuel Vargas.
Carlos: Christian, ¿cuáles son tus influencias?
Christian: Yo dividiría el asunto en dos partes. la primera son aquellos escritores que dan placer y te inducen a leer más, entre ellos están por ejemplo, Alfredo Bryce Echenique, Alberto Fuguet, Rodrigo Fresán, Salgari, Lovecraft, Raymond Chandler, Julio Cortázar, Juan Villoro, Marcelo Quiroga Santa Cruz, Jaime Saenz, Edmundo Paz Soldán, Wilmer Urrelo, Gonzalo Lema, Giovana Rivero, Virginia Wolf, Italo Calvino y J.D. Salinger, están ellos entre otros. Claro que el orden no implica jerarquía de ningún tipo, lo que pasa es que todos ellos hicieron que yo lea, porque debo reconocer que soy un lector tardío, prácticamente fui educado por la televisión y los libros eran para mí algo así como un objeto muy extraño y distante. Luego están los detonadores: aquellos narradores y poetas que me hicieron dar ganas de escribir, por ejemplo, Edmundo Camargo, Eduardo Mitre, Guillermo Bedregal García, Igor Quiroga, J. D. Salinger, Paul Auster, Antonio Tabucchi, Roberto Bolaño, Saer, Manuel Puig, Alfredo Bryce Echenique, Juan Rulfo, José Donoso, Ernesto Sabato. Son ellos con los cuales intento dialogar en mis textos, y claro luego están las raíces, lo que todo el mundo señala y señalará como verdadera literatura, Tolstoi, Dostoiewski, Joyce, Dickens, Chéjov, Goethe, bueno, ellos, a los cuales recién estoy entrando; porque claro uno se acerca a ellos con cierto miedo y con ciertos prejuicios, uno no está acostumbrado a leer a esos autores, pero lo cierto es que debería empezar por esos autores.
Carlos: ¿Cómo combinas tu oficio con tu vida y otras actividades?
Christian: Esa es la pregunta más importante y peligrosa. Yo estudié Ciencia Política en la Universidad Mayor de San Simón y era el típico estudiante que se aburría en clases e iba de oyente a otras clases, entré a psicología a sociología, no sé, a muchas; la Universidad me aburría mucho una temporada, luego me gustó, pero ojo, no volvería a ella. Y en ese momento las novelas eran tomadas sólo para despejarme, tres libros de teoría, una novela, tres libros de investigación, una novela; algo así. Y entré a hacer investigación en varios trabajos, ONG´s, Fundaciones, Naciones Unidas, de todo, mi área son los movimientos sociales, la democracia y todo eso… ya te imaginarás… y como diría Donoso: mejor correr un túpido velo sobre todo eso. Y como creo que soy un tipo de negro o blanco un día me dije ¿realmente quiero hacer ésto toda mi vida? Y la respuesta fue no. Complicado. Pero bueno, entre depresiones, miedos, insomnios, dudas y un montón de presión decidí ir dejando de a poco todo eso y dedicarme más a la literatura. Ya no era sólo el lector compulsivo y desordenado y casi salvaje que lee todo lo que cae en sus manos, no, ahora se trataba de un asunto más existencial, de forma de vida, de pensar en mi futuro en mis sueños y en mis deseos y además tratar de ser feliz haciendo eso que me gustaba. Entonces eso, y así, indirectamente mi familia me apoyó pero claro que no sabían del todo que yo estaba en esas, ahora recién les pude decir ahora que algunos poemas míos han sido antologados, un libro de cuentos ha sido publicado por Yerbamala Cartonera y una novela mía está por aparecer bajo el sello de la editorial Correveidile; pero ¿te imaginas que yo un buen día les hubiera dicho, yo escribo y estoy escribiendo? No sé, pero ya me imagino la cara que hubieran puesto. Además el consejo de siempre, se pueden compatibilizar, se pueden unir, puedes estar con los dos pies en las dos cosas… pero ya te dije, yo soy así, medio obsesivo y terco, o negro o blanco. Instinto de apostador.
Cuentos
ENCUENTRO
Las palabras de Fernando leídas por Katerin cuando estaba sobre el bidet fueron escritas la noche anterior. Él sólo quería decirle que la quería, pero a medida que escribía se fue dando cuenta que lo que de verdad quería decirle era que la abandonaba; que a pesar de los esfuerzos que puso a lo largo de la relación, al final, él se daba por vencido. Ése era el contenido de esa carta. La empezó y tres horas después, y para triste sorpresa de Fernando, llegó a tener quince páginas de extensión; pero al terminarla y pensándolo bien y por la cercanía del aniversario se dio cuenta que lo mejor sería hablar del tema después, así que la ocultó en el velador, ciertamente sin mucho cuidado. Dos días después, buscando unas facturas Katerin encontró la carta. Pero como tenía otro tipo de urgencia se fue con ella al bidet y ahí la estuvo leyendo hasta hace unos minutos. Sucede que mientras leía la página diez escuchó el crujir de la puerta y los ladridos del pequinés que compraron cuando decidieron vivir juntos. Katerin se ve en el espejo, se levanta, arruga las hojas y las guarda en el bolsillo trasero de su pantalón. Sale del baño y lo ve. Él se encuentra en el dormitorio colgando su saco en la percha de plástico negro. Se acercan al mismo tiempo y sólo atinan a darse un beso con algo de torpeza.
CAMBIANDO
Hace cinco años él estuvo aquí. Hoy ve todo de nuevo, lo que pasa es que ya no existe nada de lo que conoció. El olor de algunas plantas es más que un recuerdo. Y sus pisadas ahora se hunden en el fango y no en el asfalto como antes. Los caminos son inescrutables. Él está aquí y no planea quedarse, y aunque sabe que todo puede cambiar de un minuto al otro reconoce que posee la capacidad de poner un poco de presión en su destino. Las personas que lo ven no lo conocen y él a ellos tampoco, así que eso no importa mucho. Las cosas han cambiado de forma y ya no hay edificios con cristales, los árboles poseen una espantosa simetría y no hay suciedad por ningún lado. Todo está tranquilo. Su corazón se acelera. A él en verdad éste lugar no le gusta. Quiere salir pero no encuentra la forma. Caminó por horas y aún no encuentra los límites de ese lugar que soñó como el ideal. De una forma acelerada siente que envejece, su piel se contrae, su cabello cambia de color. No puede seguir. Se sienta apoyando la espalda contra un muro pintado de verde, no puede más, su respiración se entrecorta y sólo cierra los ojos. Todo dentro de él se tranquiliza a medida que el sol se hunde precipitadamente en el océano.
MODELO
Cuando comienzas a narrar una ciudad debes tener cuidado. Las ciudades son personas muy viejas y mañosas. Sus contornos son sus manos y casi siempre carecen de sexo explícito. Son lo que no somos. Es una idea ridícula porque en verdad gracias a ella somos esto que somos frente al espejo y sólo con esto daremos cuenta de lo que ella hizo por nosotros. No todos son villanos, ni quieren matarnos. Hay que recordarlo. La ciudad siempre se desvanece y todo queda contenido en líneas delirantes. Hay lugares en que la ciudad es ciega, no te vayas a perder en ellos. Nosotros vamos sobre ella como artistas plásticos sin dedos. Hay lugares en que la ciudad es esférica y empapelada de malva. La ciudad que narramos está llena de zombis, no te hagas su amigo. Las serpientes se ocultan en agujeros negros, hay putos y ágiles mujeres que son sólo el relleno sanitario. No somos más que lo que narramos y eso no siempre es lo que vemos. No podremos ser más que una línea blanca pintada en el pavimento en la intersección de dos calles. Al dormir quizá podamos ser más que el número de la casa donde alguna vez fuimos felices y descubrimos el amor.
Fuente: Correo del Sur