abril 8, 2021 por Sergio León

El cuerpo y el concepto de poder en Los días de la peste de Edmundo Paz Soldán

Por Mauro Rojas Arguellez

“Hay muchas Casonas, más que una esto es todo un barrio, una ciudadela”.

En 2017 se publica Los días de la peste, una novela carcelaria escrita por Edmundo Paz Soldán. La historia se desarrolla en un lejano pueblo llamado Los Confines, lugar en el que se encuentra la Casona; una cárcel insólita, para lo que sería normalmente una prisión “estándar”, pero no por eso deja de representar, o más bien por eso lo hace, la realidad social de nuestro país, y por qué no, de nuestro continente.

Al leer la novela no pasarán muchas páginas sin que el lector intente relacionar a la Casona con alguna cárcel boliviana. Y está bien, es más, en una entrevista, Edmundo Paz Soldán revela que luego de haber leído un artículo en la que un inglés cuenta sobre su experiencia en la cárcel de San Pedro, decidió escribir una novela realista. Dice: “Mi novela tiene que usar esta atmósfera de una cárcel como de La Paz, donde los presos viven con sus familias”. Es por eso que vamos a encontrar en el libro cosas muy similares a nuestra realidad, pero no por eso la novela deja de ser atractiva. De hecho, es esta realidad descarnada y violenta en la que nos sumergimos al emprender la lectura la que nos pondrá cara a cara con nuestra comprensión sobre los conceptos de justicia y poder.

Los días de la peste es una novela en donde más de treinta personajes dan voz a sus propias vivencias dentro y fuera de la cárcel. Esta polifonía de voces (la mayoría de presos que cumplen o esperan cumplir su condena) amplifica lo caótica que es La Casona en su interior. Prostitución, violencia, corrupción, y por si faltara algo, una peste que va aniquilando poco a poco a quienes habitan la cárcel. También encontramos personajes de un nivel jerárquico más alto. Como el gobernador, y el prefecto.

Al terminar de leer la novela pasó por mi mente una pregunta tan sencilla y compleja a la vez: ¿Qué es el poder?  Para Michel Foucault el poder no es un qué, no es una cosa que se tenga, sino aquello que se ejerce. El poder es una relación, es asimétrico, desigual, y como ninguna relación es en paridad total, toda relación es una relación de poder. No quiero desaprovechar esta mirada foucaultiana sobre el concepto de poder para reflexionar en torno a la novela y por qué no, en torno a nuestra realidad social.

El cuerpo es, pienso yo, el punto de partida para comprender estas relaciones de poder desde lo mas cotidiano hasta una relación en mayor disparidad como es la de estado-individuo. El cuerpo nunca ha sido sólo cuerpo, es también economía, política, religión, la guerra y la paz. Una vez consciente de la potencialidad de su cuerpo, el ser humano ha hecho cuanto a querido con él, y le ha dado incontables significados.  Pero; ¿Cuánto vale un cuerpo tras las rejas? En el transcurrir de la novela hay una leve sensación de una separación, o, mejor dicho, una fractura entre mente y cuerpo. La interioridad de los personajes se hace cada vez más ruidoso, más intenso, pero esto no sirve de nada porque son cuerpos desechables, ya sea por la plaga, ya sea por la asfixiante estructura en la que se encuentran inmersos.

Para Foucault, el nacimiento de las prisiones significa una nueva y más efectiva forma de ejercer el poder. Ya no se trata de restaurar el cuerpo, ni siquiera el alma como lo pretendían los reformadores humanistas, sino que ahora el objetivo se reduce a la modificación de conducta, algo que Foucault llama ‘cuerpos dóciles’. En Los días de la peste, la Casona, con todos sus componentes, es la representación de un cuerpo que es cosificado para el control de las jerarquías políticas del pueblo.

Los efectos psicológicos que causa el encierro no arrojan luz a un deseo de libertad en el individuo. Muchas veces ocurre todo lo contrario, algunas personas salen de prisión hacia un contexto de total abandono. “Se integran” a la sociedad, pero se encuentran sin trabajo y sin vivienda. Este miedo refleja a muchos miembros de la Casona, quienes temían más lo que les pueda pasar allá afuera que los males que sufrían dentro. Después de todo, no les quedaba otra que abrazar su abandono; ese abandono que fatiga, pero acoge al mismo tiempo: “Estaba por cumplir su condena y no sabía qué hacer cuando le tocara irse. Para qué tentar al destino, decía, si todo es bien aquí. Afuera puede ser muy duro. Aquí es duro, pero al menos conocido” dice Antuan uno de los personajes de la novela.

Una virtud en la narración de Edmundo es que logra recoger el relato y la mirada de cada uno de los reclusos, y consigue, aun con sus diferencias, hacer de ellos un solo cuerpo. Podríamos decir que la Casona es alguien, no algo. Podríamos decir que la Casona es el personaje principal de esta historia. La Casona alberga todas las capas sociales dentro de sí. Recoge la multiplicidad de los deseos perdidos, la identidad desvanecida y la rebelión utópica de cada uno entre quienes la conforman. La Casona es un microcosmos representativo de una sociedad cuyos problemas podríamos decir que son los mismos que envuelven a las clases más vulnerables de Bolivia.

Al ser una novela donde abundan los personajes y por ende abundan los relatos, al ser un escenario donde las cosas suceden con velocidad e intensidad, plantear un desenlace adecuado para la novela es siempre un desafío para un autor. En esto, Edmundo Paz Soldán resuelve el relato de una manera que supera la pretensión de un final, en el que la tensión cesa. Finalmente, no sabemos qué pasará con el virus que ataca la prisión. Las cosas quedan con la interrogante de quién dirige este escenario de terror y espanto, si los poderosos con sus malas decisiones, los presos, o la biología.

Los días de la peste de Edmundo Paz Soldán es un trabajo ambicioso. Una novela coral, con ritmo acelerado y con ágiles transiciones, que logra, además, su pretensión como novela realista, de retratar de manera adecuada las problemáticas sociales de nuestro país.

Fuente: La Ramona

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