05/31/2008 por Marcelo Paz Soldan
Editor de Mafalda en Bolivia

Editor de Mafalda en Bolivia

mafalda.jpg

Flor de editor Divinsky
Por: Marcelo Suárez Ramírez

Así como la literatura argentina es rica en escritores de alto nivel, también ha engendrado editores que abrieron mundos nuevos a los lectores. Uno de ellos es Daniel Divinsky, que desde hace más de cuatro décadas está a cargo de Ediciones De la Flor, una de las pocas editoriales independientes que ha logrado hacer frente a los grandes sellos, con autores y títulos que se han convertido en algo más que best sellers. El editor argentino conversó con Brújula, a pocos días de su participación en la novena Feria Internacional del Libro de Santa Cruz, en la que brindará diversos talleres. Divinsky valoró que actualmente se produzca una mayor cantidad de libros, como también las nuevas herramientas para los lectores.
– La editorial continúa en manos de sus dueños luego de más de 40 años de su creación, ¿cuál ha sido la clave para mantenerse?
– En realidad, mi mujer, Elisa Miler, se incorporó en 1970, tres años después de la aparición de los primeros libros. La clave no es una sola. Pero si pudiera mencionar, las principales, serían: la fidelidad de Quino y Fontanarrosa, nuestros autores de más venta, que continuaron publicando con De la Flor incluso durante el periodo en el que los editores estuvimos presos a disposición del Poder Ejecutivo, en 1977, y durante los seis años de exilio en Venezuela. Asimismo, la ocupación, por muchos años, de lo que se llama un nicho de mercado en el que nos especializamos: el humor gráfico y escrito. Siempre bromeamos sobre esto parafraseando a Inodoro Pereyra en un cuadrito de la historieta de Fontanarrosa: “En la división internacional del trabajo (editorial), a nosotros nos tocó hacer reír”.
– ¿Cómo es que el humor gráfico llegó a convertirse en el caballito de batalla de la editorial?
– Mi elección personal de autores que hacían dibujo humorístico derivó, por una parte, de mi admiración por los dibujantes en general, muy fundamentada: fui un estudiante muy aplicado en la secundaria, pero en el primer año me aplazaron en la asignatura Dibujo, por lo que debí pasar un examen de fin de año, previa preparación en una academia bastante patética. Y por la otra, de lo que creo es mi vocación por el humor: tengo la risa fácil y me gusta que un libro me divierta.
– ¿Qué obras se rehusó a editar?
– Me rehusé a editar centenares de obras porque no me gustaron, pero si lo que se quiere significar es cuáles no editamos por objeciones a su contenido, puedo citar el muy exitoso Cartas para Verónica, de Poldy Bird, en su momento directora de una revista para mujeres, un libro lacrimógeno, de previsible repercusión, pero que no era para De la Flor.
– ¿Cómo se logra mantener una editorial independiente en un mercado cada vez más globalizado?
– El secreto que nos permitió subsistir a la globalización editorial tiene dos facetas: la permanencia de nuestros autores más vendidos (a los mencionados debe agregarse Rodolfo Walsh, cuyos herederos volvieron al sello, originalmente elegido por él, luego de una desafortunada experiencia en una trasnacional) y la agilidad para estar atentos a los nuevos y apostar a algunos de ellos. El ejemplo más reciente de esto es el suceso de los libros de Nik (Gaturro) y Liniers (Macanudo).
– Se ha comprobado que el soporte papel y el electrónico son compatibles. ¿el libro impreso tiene alguna desventaja dentro de este panorama?
– No lo creo y estoy entre los que piensan que hoy se lee más que otrora: la lectura en pantalla o a través de Internet también es lectura y estimula luego el consumo de libros. Los lectores de hoy son propensos a lo que en televisión se llama ‘zapping’: cubren espectros de interés más diversos, pero al mismo tiempo tienden a profundizar poco, porque su atención se dispersa entre los diversos focos, que se desplazan unos a otros rápidamente
– ¿Qué factor considera que ha incidido para que la piratería se extienda en el continente?
– Son varias causas, que van desde la penuria económica de sectores que quieren leer pero no pueden comprar libros que son cada vez más caros, por el creciente e imparable costo del papel y por la reducción de las tiradas, hasta la falta de conciencia de policías y jueces acerca de la naturaleza delictiva de la reproducción ilegal de libros. Cuando estuvimos con Quino en la Feria del Libro de La Paz, por dos años consecutivos, repartimos una hoja en la que advertíamos que él no iba a firmar ediciones piratas. Se aclaraba que presumíamos que la gente las había comprado de buena fe, pero que el autor no podía alentar la proliferación de libros ‘falsificados’.
– ¿Cuáles deberían ser las principales aptitudes de un buen editor?
– El mejor editor sería el que pudiera publicar lo que le guste sin estar obligado a vender los libros publicados para ganarse la vida: o sea, tener por detrás el respaldo de un enorme capital desinteresado o el del Estado, algo casi imposible.
Los años difíciles
Un año después del golpe de Estado de 1976 en Argentina, Divinsky y su esposa Elisa Miler fueron encarcelados por la publicación de un libro infantil con un puño en alto en la tapa que fue interpretado torcidamente. “Aunque nadie lo había pensado con finalidades ideológicas, la imagen fue considerada una apología de la subversión destinada a los chicos”, mencionó Daniel.
Esos arrestos desencadenaron una ola de adhesiones de las editoriales de todo el mundo. Peter Weidhaas, director de la Feria del Libro de Francfort, les envió pasajes para que salieran del país. El destino elegido fue, como para muchos otros, Venezuela. Ya instalado en Caracas, Divinsky se encargó de la distribución y promoción de los libros publicados por la Biblioteca Ayacucho, dirigida por el reconocido crítico literario uruguayo Ángel Rama. “La editorial siguió funcionando con un mínimo equipo dirigido por nosotros, por carta o por teléfono, y capitaneado por la madre de mi esposa. En ese lapso se siguieron publicando libros con mucha prudencia sobre su contenido, aunque la prudencia no era nunca suficiente por la falta de criterio del gobierno militar. Debimos cancelar la edición de un libro titulado La supernada: ideología y lenguaje de la publicidad, ante la aparición de comentarios amenazadores ante el solo anuncio del título. También la de una antología de Rufino Blanco Fombona, historiador venezolano nacionalista, a quien se sindicaba de ser enemigo del Libertador por textos críticos que había publicado sobre el general San Martín”, recordó el editor.
Con la restauración democrática, Divinsky regresó a su país y desde entonces su tarea al frente de la editorial no ha dejado de recibir premios y reconocimientos.
Fuente: www.eldeber.com.bo