02/02/2011 por Marcelo Paz Soldan
Amazonía blues de Pablo Cingolani en la Biblioteca de Ecdótica

Amazonía blues de Pablo Cingolani en la Biblioteca de Ecdótica


Amazonía blues de Pablo Cingolani en la Biblioteca gratuita de Ecdótica
El libro que tienen en sus manos cuenta verdades, nada más que eso. A algunos no les gustará lo que está dicho en sus páginas, pero no por eso deja de ser menos cierto: en el presente, se están cometiendo una serie de abusos y atropellos, una serie de violaciones a los derechos humanos, en perjuicio de los pueblos indígenas de la Amazonía boliviana.
En la historia de nuestras comunidades, esto fue siempre así. Ningún gobierno demostró interés aún el actual. Los derechos indígenas siempre fueron olvidados, violados, menospreciados, incumplidos o escuchados. Siempre hubo violencia contra nosotros, desprecio, racismo, clasismo, incomprensión. Siempre… eso ya lo vivimos. Eso ya lo sufrimos y creo que lo seguiremos sufriendo mientras el hombre no entiende el sentido estricto de lo que significa la palabra Hermano.
Lo que nunca esperamos es que esto se repita ahora de la mano de personeros y funcionarios del gobierno que ha hecho de la bandera de la defensa de los derechos indígenas, su propia bandera; del gobierno que ha impulsado la promulgación de una Nueva Constitución para la creación de un Estado Plurinacional donde todos esos derechos ya están consagrados y celebramos; del gobierno, cuyo presidente, el hermano Evo Morales, ha proclamado en el mundo entero y en el seno mismo de las Naciones Unidas que esos derechos, junto con los derechos de nuestra Madre Tierra deben ser respetados por todas las naciones. Esto también lo saludamos pero no lo aprobamos los indígenas bolivianos por cuanto de la teoría a la práctica todavía dista mucho, ejemplo el Decreto Supremo Nº 29033 quedó en la teoría.
Sucede, y esto narran estas páginas, que aquí no. Al menos, donde yo vivo, no sucedió. Soy parte del pueblo Mosetén, habitamos hace miles de años en nuestros territorios de la región conocida ahora como Alto Beni, en el Departamento de La Paz. Somos un pueblo pacífico, que vivió de la pesca, la caza, hoy especialmente de la agricultura pero ahora resulta que tenemos que confrontar los problemas y el drama que nos trajo el ingreso de empresas petroleras a nuestras comunidades, empresas que desde ya nosotros no llamamos, ni tampoco nadie nos consultó si queríamos que ellas entren.
Eso nunca lo esperamos. Y menos ahora. Por eso, no entendemos qué pasa con el gobierno, porqué pareciera ser que nosotros, los Mosetenes, junto a los hermanos de las comunidades del pueblo Leco de la provincia Larecaja, hemos sido elegidos para ser sacrificados en aras de la política petrolera de este gobierno repitiendo como Poncio Pilatos: lo escrito, escrito está, objetivo que no terminamos de entender, ya que nada tienen que ver con los verdaderos sentimientos y el modo de vida de nuestra gente, y donde había silencio hoy existe ruidos de motorizados, donde había paz hoy hay problemas, donde había unidad hoy hay discordia, donde había felicidad hoy hay tristeza, donde había armonía hoy hay preocupaciones. ¿Esto no es violación a los derechos?
Somos gente sencilla, buena, que vivimos con lo que la naturaleza nos brinda, y por eso nos duele, y nos duele de verdad, que cientos de personas que no conocemos, vengan a nuestros bosques, vengan a nuestros campos, vengan a nuestros lugares donde habitamos, con helicópteros, con camiones, con maquinaria pesada, con explosivos, con productos químicos altamente peligrosos, con taladros, con todo eso que nos ha asustado y ha alterado nuestra tranquilidad y nuestro entorno, y se pongan a hacer sus labores como si nada, como si estuvieran en su casa cuando es la nuestra la que invaden y avasallan.
Todo esto es muy triste, insisto, y alguien debía contarlo. Bueno, aquí está el libro de Pablo, para que lo que padecimos y padecemos no se olvide. Santa Teresa de Jesús dijo que la verdad padece pero no perece. Ya lo dije: este libro cuenta verdades. Podrán gustar o no, pero son nada más que eso: verdades.
Doy fe: conocí a Pablo cuando llegó a mi comunidad, Simay, una noche angustiante, en julio del año pasado. Él y su equipo vinieron a testimoniar nuestra protesta contra la presencia de los petroleros. Habíamos demorado unas camionetas de la empresa norteamericana Geokinetics, sólo para solicitarle al Ministro de Hidrocarburos que venga a darnos una explicación sobre lo que estaba sucediendo, queríamos dialogar, queríamos entender que pasaba. El ministro nunca atendió nuestro reclamo y Pablo y su equipo estuvieron tomados como rehenes largas horas en la localidad de Tucupí hasta que fuimos amedrentados para liberar las movilidades de los petroleros. Luego, ellos también fueron liberados.
Espero que este libro sirva para lo mismo que estoy anotando: para seguir llamando siempre al diálogo y para que los que deban abrir sus corazones al respeto al prójimo, así lo hagan. Hablo como Mosetén y también hablo con el corazón.
Daniel Gigasi
Presidente de la Organización del Pueblo Indígena Mosetén (OPIM) y sacerdote católico
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Fuente: Amazonía blues