04/30/2013 por Marcelo Paz Soldan
Wilmer Urrelo, un secreto a voces

Wilmer Urrelo, un secreto a voces

Wilmer-Urrelo

Wilmer Urrelo, un secreto a voces
Por: Antonio Jiménez Morató

Para qué sirven los premios literarios? En España, desde luego, como mecanismo promocional y poco más. Tan sólo los lectores más ingenuos o menos atentos a los correveidiles del negocio editorial siguen identificando un premio con un libro de calidad. Mucha tinta ha corrido ya sobre lo oportuno de fundar nuevos galardones concedidos tras la publicación de los libros, que surjan de una valoración externa a la editorial que los ha sacado a la luz. Sin creer de todo que sea esa la solución a seguir, creo que lo mejor sería acabar de una vez por todas con algo tan infantil como los premios literarios, sí que conviene llamar la atención sobre un certamen que en España obtiene poco eco informativo, quizás porque las bases del mismo imposibilitan que un español pueda ganarlo, pero que ha demostrado una fiabilidad más que destacable.
Desde hace casi 30 años la fundación Anna Seghers premia a un autor emergente en lengua alemana y a un latinoamericano. La nómina de los premiados demuestra, sobre todo en años recientes, el tino del jurado, que ha sabido descubrir a jóvenes escritores justo antes de su eclosión crítica: Gumucio, Rivera Garza o Guadalupe Nettel obtuvieron el premio cuando comenzaban a ser conocidos más allá de sus países de origen. Más determinante ha sido el premio para Fabián Casas o Lina Meruane, ya que les sirvió como pasaporte para cruzar fronteras.
En septiembre del año pasado se falló la última edición del galardón. Lo obtuvo un autor casi desconocido fuera de su país, el boliviano Wilmer Urrelo Zárate (1975), cuyos libros, pese a estar editados por la filial local de Alfaguara, no han circulado apenas en el extranjero. Tan sólo la traducción al italiano de su primera novela desmiente la idea de alguien casi totalmente desconocido fuera de Bolivia. Y, en cambio, Urrelo Zárate lleva siendo el secreto a voces más difundido de la literatura boliviana desde hace tiempo. Mundo negro (2001) obtuvo el Premio Nacional de Primera Novela, Fantasmas asesinos (2007) el Premio Nacional de Novela y Hablar con los perros (2011) le ha servido para ganar el Anna Seghers.
Lo más llamativo, con todo, de sus novelas es la ambición que destilan. Mientras críticas superficiales hablan de la omnipresencia de la novela corta como género de los jóvenes autores o de una simplicidad estructural y estilística, Urrelo desmonta el lugar común con libros de 700 páginas en las que recoge el guante de las “novelas totales” de lo que se bautizó con el nombre idiota de boom: solapamiento de narradores, diversidad de tramas meticulosamente enlazadas, estructuras de complejidad creciente que siempre se muestran necesarias cuando uno completa la lectura, una prosa trabajada hasta el delirio para fundir la oralidad y las virtudes estilísticas del narrador culto.
No es casual, tampoco, que en cada uno de los libros haya ido estableciendo una revisión de diversos modelos y tradiciones, en Mundo negro de la novela policial y la narrativa metaliteraria, en Fantasmas asesinos dialoga de tú a tú con el Vargas Llosa que ganó el Nobel, aquel que escribiera La casa verde o Conversación en La catedral, y en Hablar con los perros explora los mecanismos narrativos de modo más sofisticado aún y se atreve a reescribir, entre otras cosas, la “versión boliviana” de la Guerra del Chaco que contara Roa Bastos desde el frente paraguayo en Hijo de hombre.
Pero hay mucho más en las páginas de estas novelas, que están dispuestas a albergar a cualquier lector audaz dispuesto a montar los brillantes rompecabezas que ha diseñado Urrelo Zárate con precisión quirúrgica. La distancia entre las fechas de publicación hablan de un autor que se toma el tiempo necesario en darle forma a sus narraciones.
Un último detalle: de momento sus libros siguen sin salir de Bolivia, al menos en papel, ya que Alfaguara los distribuye mundialmente tan sólo en formato electrónico. Jamás estuvo tan justificado gastarse el dinero del dispositivo necesario para leerlos.

Fuente: Tendencia
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