03/16/2010 por Marcelo Paz Soldan
Invierno de Christian J. Kanahuaty

Invierno de Christian J. Kanahuaty


Invierno de Christian J. Kanahuaty
Por: Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Invierno se presentará el día jueves 18 de marzo en La Paz, en el espacio patiño de la calle ecuador, a las 19 y el comentario será de Oscar vega C. y en Cochabamba la presentación se realizará el 31 de marzo en la sala de lectura de la Biblioteca Simon I Patiño a horas 19 y el comentario estará a cargo de Elena Ferrufino.
Tal vez la mujer sea, en Christian Jiménez Kanahuaty, la novela. O la novela la mujer. Tal vez pretexto, no ambiguo sin embargo, como en Borges, para la creación del texto literario. En Invierno pareciera que el autor se busca a sí mismo, pero la búsqueda pasa por un segundo ¿un tercero? que viene a ser el amor en dualidad de sexo y literatura.
Nadie está tan solo como cuando escribe, así las páginas que produce tengan un público, supuesto las más de las veces, que, en teoría, acompaña al escritor.
“El sueño es esquivo y equívoco”, afirma el autor. Se podría calcar la definición refiriéndonos al femenino y al literario. Las piernas tanto como las letras son esquivas y equívocas, pero bellas a pesar de que en el trashumar en pos de ellas, la carencia de fortaleza anímica vocee desastre, cuando en realidad la voz habla de grande y terrible satisfacción.
Fragmento de la novela Invierno:
Quizás muera inédito. Quizás todo lo que escribí no sea lo que deseé escribir. Quizás me recuerden por esas páginas de las que hoy tanto dudo.
Tengo un rostro ausente de éxito y colmado de excesos.
Hace un momento hablé con Katia. Me contó aún que sigue durmiendo con su marido. Dice que ya no hablan y que desde hace tres días está metida en su casa. Dijo que se irá a vivir con su hermana, piensa que no será por mucho tiempo.
Una noche antes de San Juan visité un prostíbulo. Nunca antes había estado en un lugar así. Quise conocerlo. Nadie dijo nada al verme entrar. Creo que ni me miraron. Yo era uno más. Un rostro prematuramente viejo y fácil de olvidar. Estuve esa noche con una mujer mayor. Algo gorda y muy velluda. No duré mucho pero me chupó todo el cuerpo antes de abrirse a mí. Las viejas son raras, quieren otro trato y dan órdenes con mayor facilidad. Ella tenía el cabello corto y ondulado. Estaba teñido de borgoña. Olía a cigarrillo y tenía estrías en las nalgas. No recuerdo cómo se llamaba y supongo que se lo pregunté porque siempre lo hago. No me interesa si me mienten o no, lo que pasa es que yo necesito de nombres. Sólo el cuerpo no me llama la atención.
Quien no tiene nombre no tiene historia y mucho menos historias que contar. Tremenda frase, ¿no? nuestros nombres son nuestra cruz y nuestras cicatrices. En especial si llevamos el nombre de nuestros padres o el nombre de algún familiar muerto. Pero de estas intuiciones no puedo escribir.
Ha dejado de llover. Quiero salir a caminar.
No logré caminar mucho.
Oriné en una esquina y una niña de diez años me vio, no sé por qué pero sentí vergüenza. Quizás porque estaba todo arrugado.
Fuente: Ecdótica