05/02/2014 por Marcelo Paz Soldan
Domingos por la tarde

Domingos por la tarde

Domingos por la tarde

Domingos por la tarde
Por: Ricardo Bajo

Domingos por la tarde: cuentos bolivianos de fútbol nació en un boliche vacío. Hace unos meses el colega Javier Badani organizaba un conversatorio entre Édgar El Chino Arandia y Adolfo Cárdenas en el mítico Bocaisapo. La charla se retransmitió vía internet. En el bar apenas estábamos siete personas y ahí me enteré, gracias a las oportunas y sagaces preguntas de El Chino, que el Alf había escrito hace muchos años un extraño cuento futbolero. —¿Te gusta el fútbol?, preguntó Édgar. Cárdenas recordó sus años de condena como arquero en los partidos infantiles, confesó su falta de afición por la pelota ya de adulto, pero se reivindicó trayendo de vuelta a la charla aquel cuento titulado El Apocalipsis relatado como un partido de fútbol publicado a finales de los 90 en su libro El octavo sello.
La conversación siguió por otros derroteros y me quedé pensando. ¿Habrá más relatos de fútbol en la literatura boliviana a ser “recuperados”? ¿Y si hacemos un libro con esos cuentos? Me puse en campaña y fracasé. No encontré (por torpe y flojo probablemente) ninguna otra “perlita” como la de Adolfo. Pero no de-sistí. ¿Y si mejor charlo con escritores y escritoras para que los relatos sean inéditos? Tenemos buenos literatos en Bolivia y un fútbol pésimo, me dijo un cuate. ¿O me lo dijo lo contrario? El caso es que volviendo a los viejos tiempos como editor de Fondo Negro me contacté con casi 30 escritores y escritoras de todo el país: de Santa Cruz a Oruro, de La Paz al Beni pasando por Sucre, Cochabamba y Tarija.
Y así, sin prisa pero sin pausa se armó lo que el poeta Gabo Chávez (también participante con una hermoso ejemplo de prosa poética) bautizó como la selección nacional de las letras bolivianas: Homero Carvalho en el arco; Carlos Mesa y Alfonso Gumucio, de pareja de zagueros; Gary Daher y Willi Camacho en los laterales; Wilmer Urrelo y Claudio Ferrufino en la contención; Juan Pablo Piñeiro y Christian Vera, volantes mixtos; Mimo Pacheco de enganche y Edmundo Paz Soldán de punta solitario; y 15 más, de refresco, por si acaso.
El gol (y la literatura) es una consecuencia del buen hacer. Muchos de los relatos que forman parte del libro hablan de nuestros mejores años, la niñez despreocupada, juguetona y feliz. Ya lo dijo el español Javier Marías: “el fútbol es la recuperación semanal de la infancia”. Pero también se transpira dulce nostalgia, pasiones y viejos recuerdos. Y una rara simpatía por esas derrotas que te persiguen por siempre, por las alegrías lejanas que volverán mañana, por aquellos equipos que ya solo ganan en nuestra memoria, por aquellas viejas escuadras (Stormers de Sucre, Bata de Quillacollo, Wilstermann Unificada de Potosí…).
En Domingos por la tarde (editorial El Cuervo) jugadores legendarios como Tamayá, Garrincha y Chichi Romero vuelven a patear pelotas como personajes de ficción; retornamos al Monumental de River para festejar un empate del rojo aviador; viajamos a los años 60 para averiguar el misterio del descenso de Bolívar; nos zambullimos en hinchadas enamoradas; nos olvidamos de los antihéroes y los villanos; resucitamos a nuestros abuelos y abuelas con el fútbol como vínculo; derrotamos prejuicios machistas a punta de balonazos contra todos los cristales.
Ciencia ficción, cuentos negros y policiacos, relatos de amor y humor, surrealismo (¿puede jugar un hipopótamo en un equipo de fútbol?) y un viejo olor a antaño y poesía, a patria, a Guerra del Chaco, a tranvía y chayñita, a futbolistas llegando a pie al estadio, caminando entre las multitudes.
Los goles y los libros están siempre ahí, esperando a ser gritados, esperando a salir de las librerías para ser leídos. Domingos por la tarde: cuentos bolivianos de fútbol se presentará el viernes 30 de mayo en la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz; unos días antes también lo haremos en La Paz.
Fuente: La Razón