11/07/2025 por Sergio León

Las Claudinas. Libros y sensibilidades a principios del siglo en Bolivia

Las Claudinas. Libros y sensibilidades a principios del siglo en Bolivia

Por Luis H. Antezana

En este su Las Claudinas, Salvador Romero Pittari se sirve de la novela como nudo ilustrativo para examinar la sociedad boliviana a principios del siglo XX (y fines del XIX), cuando ambas abren sus puertas al modernismo, cuando nuevos valores entran en curso y cuando se pierden —o ya añoran— los pretéritos. En relación a las novelas, su principal objeto de atención es el “encholamiento” —culturalmente contextualizado— y sus implicaciones sociales. Las novelas y sus autores que le sirven de material referencial al autor son los siguientes: “A. Chirveches (Celeste, 1905, La candidatura de Rojas, 1909, La casa solariega, 1916, La Virgen del Lago, 1920), A. Arguedas (Vida Criolla, 1905), D. Canelas (Aguas Estancadas, 1911), J. Mendoza (En las tierras de Potosí, 1911), A. Costa du Rels (La Miski Simi, 1921), E. Finot (El cholo Portales, 1926), C. Medinaceli (La Chaskañawi, 1947)” (p. 26). Algunos de estos autores —como Arguedas y Medinaceli— también se estudian a través de sus ensayos. Romero Pittari no se limita al examen realista o representativo de estas novelas, sino que, por un lado, las articula con el campo cultural en el que suceden y, por otro, no pierde de vista el carácter dinámico, innovador a veces, del hacer literario. Al respecto, cuando localiza el alcance de sus fuentes, Romero Pittari destaca: “La literatura no se reduce a reflejar los estados de la sociedad, como pretenden algunas opiniones, ella constituye, con frecuencia, el lugar donde se manifiestan los signos precursores de las transformaciones de los ideales de los hombres y de sus intercambios sociales” (p. 25). Habrá que subrayar que este examen temático está permanentemente acompañado de la referencia o examen de los otros múltiples factores contextuales, afines al tema tratado, lo que le permiten diseñar el campo donde operan las transformaciones (y resabios) que examina, afines a la creciente vigencia del modernismo en el horizonte cultural boliviano, desde principios de siglo hasta fines de los 30 (La Chaskañawi se publicó el 47, pero fue escrita en ese período). Al respecto, entre otros, Romero Pittari contextualiza el período en Bolivia (pp. 7-19); persigue y anuda los autores leídos y frecuentados en la época e inscritos o aludidos en las novelas (passim); detalla, por ejemplo, la “Gesta Bárbara” de Medinaceli, Churata et al (Cap. IV); o diseña las condiciones de edición, difusión y lectura vigentes en aquel entonces (cf. los detalles, por ejemplo, del Cap. V: “Autores, círculos y modelos literarios en el nuevo siglo,” El papel de las editoriales extranjeras, “Lo de fuera y lo de adentro”). En suma, Las Claudinas examina el campo sociocultural de una época, aprovechando las novelas y autores mencionados como “fuente de agudas percepciones, difícil de encontrar en los informantes en los cuales a menudo se apoya el sociólogo” (p. 25), por un lado, y, por otro, como portadores de las corrientes intelectuales vigentes; en este caso, las citas o referencias bibliográficas inscritas en las novelas, por ejemplo, permiten tender fácilmente los hilos culturales desde las novelas hacia el más amplio entorno intelectual de la época.

Aunque las novelas mencionadas suceden, en general, en un marco pueblerino, Romero Pittari señala, como motor y polos implícitos de sus tensiones culturales y sociales, el tránsito “capitalino” de Sucre a La Paz, fruto de la Guerra Federal, y signo del Siglo XX en Bolivia, así como también apunta los factores contextuales que marcan “la larga erosión del mundo colonial” y “el progresivo avance de la modernidad con sus valores de progreso, ilustración, cosmopolitismo, culto de lo nuevo, objetividad” (p. 27). En el libro no sólo se diseña el proceso socioeconómico (o político, cultural) de las regiones y mentalidades en tránsito o conflicto (cf. passim) sino, sobre todo, se explicita, dijimos, los alcances y características del “encholamiento,” más visible, digamos, en la pujante La Paz que en la retraída Sucre. Desde ya, en relación con ese tránsito, Romero Pittari distingue entre “mestizaje” y “encholamiento”. El primero “constituye un proceso de mayor amplitud por medio del cual rasgos biológicos, sociales y culturales de grupos raciales se mezclan, reconformando permanentemente el orden social”; mientras el segundo “alude, por su parte, más estrechamente, a una relación sexual de cierta permanencia y visibilidad con personas consideradas de condición social inferior, en el caso concreto, con alguien del medio cholo”. En el descenso implicado en el “encholamiento” hay un dinamismo implícito —“subir y bajar”, “permanecer y avanzar”— que, desde diferentes ángulos, examina el autor de Las Claudinas. Este dinamismo se articula también con la aparición del modernismo en la cultura y sociedad bolivianas, que supone, a su vez, el “descenso” de los valores coloniales previos y el “avance” —visible como el “encholamiento”— de los cánones modernistas. Bajo esas variables (Guerra Federal, tránsito capitalino, remezón social e intelectual), el “encholamiento” sería, en las novelas examinadas, como una “síntesis connotativa” (Zavaleta Mercado)—una “sintomática social,” diría, quizá, Romero Pittari—que, por medio de los autores y personajes y las culturas que los entornan, permite discernir los procesos socioculturales en juego en la época.

Herramientas para escritores

¿Escribes en español? Prueba gratis nuestras herramientas con IA: corrector de estilo, lector beta virtual e informes de lectura profesionales.

Utilizando un breve y arbitrario modelo operatorio, diríamos que en el “encholamiento” entran en juego cuatro actores, dos varones y dos mujeres: el señorito y la señorita, por un lado, y, por otro, el cholo y la chola. Salvo la chola, todos los demás actores suceden rodeados de auras peyorativas: el cholo como ladino, medrador, arribista y cosas así, “en ascenso,” sobre todo económico y político; la señorita como fracasada, digamos, y destinada a un otro tipo de arribismo, desde su perspectiva denigrante pues debe encholarse en función económica; el señorito que, en su caso, no busca beneficios económicos, pero sucede marcado por un desencanto intelectual (modernista) que lo empuja “hacia abajo,” hacia el mundo cholo. En contraste, la chola —las “Claudinas”— se basta por sí sola y, en todos los casos, hasta con indiferencia o mera ignorancia, derrocha diversas formas de sentido. Las ilustraciones incluidas en el libro sugieren algunos matices de esa dimensión a la vez “inferior” y, sin embargo, poderosa. En esos ires y venires, subir y bajar socialmente tienen muchos matices: el cholo que una señorita esposa estaría económica o políticamente “arriba,” aunque su linaje sería en la primera generación “bajo”; el señorito encholado simplemente baja, se rinde, se somete; en cambio, la chola permanece abajo pero, en general, como incógnita de vitalidad y sentido. En La Chaskañawi, la vitalidad de Claudina “salva,” en cierto sentido, al desencantado Adolfo y no en vano el Carnaval, notablemente, es el contexto de su rendición (sobre el alcance de las celebraciones cholas —chicherías, fiestas, carnavales—, cf.: 62-62). Hay muchos matices más en este proceder y muchas condiciones y ecos contextuales, que Romero Pittari explicita mientras examina el fenómeno; hasta le dedica todo un capítulo, por ejemplo, a las diversas formas en las que las Claudinas enamoran y aman en las novelas que las persiguen.

Fuente: Decursos Revista de Ciencias Sociales Nro. 7 / 1999