09/27/2007 por Marcelo Paz Soldan

Un ensayo de Cachín Antezana sobre la Revista Mariposa Mundial

Los vuelos de una mariposa
Por:Luis H. Antezana

Una revista literaria es un foro o, si se prefiere, un corrillo. Como su nombre lo indica, una revista es (fue), sobre todo, un espacio de lecturas (“revisiones”) compartidas. Hay innumerables formatos de revistas, pero, a la larga, eso de pasarle revista a lo que sucedió o sucede parece ser la característica dominante de este tipo de publicaciones. Pero, hay revisiones y revisiones. Algunas revisiones pueden, a veces, inaugurar visiones.
La Mariposa Mundial es una revista literaria y, antes, fue un bar -estilo El Averno que inaugura la película Cuestión de fe de Marcos Loayza. Revista o bar, de todas maneras, un espacio circunstancialmente compartido y, después de unos tragos (unas lecturas), una manera de perderse en los caminos… de la literatura boliviana, en particular, y de la universal, en general.
Por lo de revista o bar, los espacios compartidos no son, necesariamente, lugares de encuentro, a veces, son más pasadizos que estancias. Por su oferta, La Mariposa Mundial está llena de pasadizos y, felizmente, tiende a dispersar a sus adeptos y/o a los curiosos. Localmente, ofrece otros (lejanos) o nuevos (cercanos) horizontes de literatura y, a los ajenos -que quizá ya frecuentan los lejanos- les lleva o trae -aquí no importa la dirección (también llamada «sentido»)- la literatura boliviana.
Quizá, una revista literaria es, como La Mariposa Mundial, un vehículo, quizá; pero, un vehículo de esos que sólo aceptan pasajeros que embarcan con “[u]n pasaje de ida a ninguna parte” -como decía una definición del blues deslizada en Black, Brown and Beige de Duke Ellington. No es arbitrario que, junto a algunos «clásicos», la Global Lepidoptera -como la rebautizaron Johnson y Gander-, frecuente insectos raros de la literatura, esos, precisamente, que con su obra fueron a cualquier parte, en general, para mejor no volver. Para los lectores lejanos, esa «ninguna o cualquier parte» a la que pueden llegar es, seguramente y vía La Mariposa, la mencionada literatura boliviana y ahí, con ella y en ella, podrán encontrar, sobre todo, también sus bichos raros.
De hecho, como revista y editorial, La Mariposa Mundial no deja de renovar -revisar- esa literatura, subrayando sus olvidos u omisiones, frecuentando sus otros caminos. Y, muy probablemente, uno de los aportes de esta revista a la literatura boliviana sea su capacidad de vincular las zonas marginales de la literatura boliviana con las de la universal -salvo, reitero “algunos clásicos”; a los que dicho sea de paso, a su manera, también se encarga de marginalizar, sea por contagio. Así, el bar -perdón: la revista- entreteje marginalidades locales y universales como, en rigor, es lo que hace todo bar -perdón: toda revista- que se respete.
Ahora bien, por sus peculiaridades, la literatura boliviana en general es, casi a priori, marginal. Dicho sea explícitamente: se la conoce muy poco; obviamente, menos fuera que dentro. Quizá, sea por ahí, frecuentando fronteras, donde esa literatura (local) encuentre su globalidad: no es tan absurdo pensar que un aparapita podría frecuentar, por ejemplo, un Merzbau o dialogar con Malausseneen Villeneuve. Pero, dejemos las cosas ahí, porque nos podríamos meter en honduras comparativas que, mejor, las exploren los (nuevos) lectores, cada uno por los caminos que prefiere recorrer.
Para irme, subrayaría esto último: en eso que llamamos “literatura”, habrían muchos ríos que no van a dar al mar. La Mariposa Mundial gusta de frecuentar ese estuario, articulando lo local (Bolivia) con lo universal.
PS: Recordaba, pensando en mariposas, que, camino a Bermejo, en una caída de agua que tuvimos que atravesar a pie (por si el carro se resbalaba), encontré un montón de mariposas, diría, ahogadas. Entre ellas, había una cuyas alas tenían una calavera a la Saenz. La tengo todavía, entre las páginas de Felipe Delgado. Se las puede ver entre las mariposas difundidas en una colección de estampillas (bolivianas) dedicadas a la especie: las calaveritas en las alas son inconfundibles (el contraste es, desde ya, blanco y negro).
[Este texto fue publicado en el número 15 de La Mariposa Mundial].