Un cineasta nazi sueña con tortugas en la Chiquitania
Por Alba Balderrama
Las imágenes lo persiguen, antes y después de la guerra. A veces son sueños y otras, con seguridad, pesadillas. El cineasta Hans Ertl, un alemán nazi que trabajó como camarógrafo para la cineasta Leni Riefenstahl y fue el fotógrafo de guerra preferido del Mariscal de Campo Erwin “el zorro del desierto” Rommel, buscó refugio en la Chiquitania boliviana después de que acabara la Segunda Guerra Mundial y de que los privilegios y seguridad de los adeptos al Tercer Reich se le terminaran. En la Chiquitania, se soñó como un náufrago, esperando encontrar un pedazo de Alemania en la selva. Tuvo esposa, tres hijas y una amante. Formó parte de la “colonia alemana en Bolivia, que incluía a algunos fieles nacionalsocialistas”. En la Chiquitania también sobrevivió por 26 años a la muerte de su hija quién vengó la muerte del Che Guevara. Fue abatida en un tiroteo en las calles de La Paz en 1973.
Esa imagen, que lo cambió todo, no sabremos si lo persigue como sueño o pesadilla. Lo que sí queda claro es que la historia de los nazis siempre tiene que ver con persecuciones. Surazo. Monika y Hans Ertl: Una historia alemana en Bolivia (2025), el libro de la escritora, investigadora e historiadora austríaca Karin Harrasser es también una persecución. Un montarse en un avión, un taxi, un bus y finalmente un tren que viaja “interminablemente a través de la selva” hasta la Chiquitana boliviana para perseguir, no tanto la verdad como, las imágenes que en el cine, en fotografías, en sueños, en documentos la llevarán a la finca llamada, tristemente o astutamente, “La Dolorida”. La propiedad donde Hans Ertl, después de escapar de la Alemania nazi, creó su propia utopía, su propio naufragio a lo Robinson Crusoe. El lugar que su adorada hija mayor, Mónica Ertl, le pedirá, a fines de los años 50, para instalar un campo de entrenamiento guerrillero del Ejército de Liberación Nacional ELN , una petición que Hans rechazó airadamente.
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Surazo, el viento feroz y helado del sur, comienza cuando Karine Harrasser, persiguiendo a los jesuitas de las misiones en Bolivia, se pierde. “Este verano —recuerda la historiadora — me impuse la tarea de seguir trabajando en el libro sobre los jesuitas en la Bolivia de los siglos XVII y XVIII. Pero desde que Hans Ertl me miró desde el archivo cinematográfico, mis investigaciones se desvían una y otra vez. —El viento la arrastra como la hoja de un árbol. — Sobre todo por las noches. Me veo arrastrada a un cosmos de imágenes y declaraciones contradictorias que se desafían mutuamente. También hoy son las dos de la madrugada y decido ir a nadar, en la esperanza de que sumergirme en el agua borre las imágenes. Funciona”. Es 2019 en el lago Stimmersee en el Tirol, Austria.
Este fragmento del libro marca el punto donde el viento, como el surazo, llevará a la autora sin abrigo suficiente de ese lugar harto conocido, la Chiquitania misional, a un terreno más salvaje, pantanoso y lleno de “viejos nazis” de la talla de Klaus Barbie, “el carnicero de Lyon” vecino de Ertl, o de Josef Mengele, el “ángel de la muerte”, famoso médico de las SS. Todos personajes en persecución o perseguidos. Todos personajes que tuvieron que ver con el ala más dura de las dictaduras latinoamericanas del siglo XX. Vientos de terror y muerte.
El libro es una persecución de un atisbo de humanidad en los “extranjeros”, de un territorio que cambia a la gente y que es fundante de Bolivia. Venimos de la Chiquitania, parece decir el libro. El viento del sur corre junto a una historia fascinante del país, sin soltar la pista de ese hombre ambiguo, escurridizo y, a momentos, ausente de la realidad, siempre en fuga, metido en un mundo idílico, edénico, creado en su cabeza, que fue Hans Ertl. El padre de la mujer que vengó al Che Guevara; el veterano cineasta de la selva.
El libro tiene una parte, personalmente, apasionante que está hecha de películas. Luego de la “Intro”, está el capítulo: “Primeros planos” y es un recorrido por los documentales que filmó Ertl en Bolivia donde se expone su pasión por mirar a los otros, solo que aquí esos “otros” no estaban vestidos a rayas. Esos “otros” eran personas libres, fuertes, culturalmente ricas, morenas y eran dueños del mundo que habitaban. Su mirada etnológica se aprecia en los documentales que describe la autora: Un Robinson, filmada en 1940, dirigida por Arnold Fanck “De Ertl provienen las espectaculares tomas de glaciares desprendiéndose, diente de hielo afilados y cumbres de montaña disparándose hacia lo alto, pero también las tomas idílicas de la isla de Robinson, la Juan Fernández” en Chile. “En esta película también se puede ver por primera vez la hacienda de Ertl en la Chiquitania. Trabajando duro y con fuerza de voluntad, el “Robinson alemán”, interpretado por Herbert A. E. Bohme, crea en la película su paraíso artificial. Como hará Ertl más tarde, despeja un claro para construir su casa.”
Otras películas documentales mencionadas como Vorstoss Nach Paititi (Avance hacia Paitití) dirigida por Ertl en 1956, Hito-Hito en 1958 y la inconclusa Surazo 1959/1960 muestran el gesto del aventurero y explorador apasionado por Sudamérica y su carácter de “edén primigenio”. A diferencia de los descubridores, investigadores y cronistas del siglo XVIII y XIX, “los descubridores del siglo XX viajaban con la cámara”. La autora de Surazo ve en Ertl este gesto de explorador, “se ubica en la línea de Colin Ross, el documentalista nazi, periodista, corresponsal del guerra, cineasta y teórico de la geopolítica que vio en la Sudamérica de principios de los años veinte un “mundo en ascenso”.
Karine Harrasser titula su libro Surazo como un paralelismo con la película inconclusa y perdida de Ertl, haciendo alusión a ese “viento frío procedente de la Patagonia, que irrumpe a intervalos irregulares en los trópicos bolivianos, haciendo descender las temperaturas hasta veinte grados, o más, en muy poco tiempo.” Todas sus cintas y el material fílmico de las primeras tomas de este documental sobre las personas y animales de la región de Isoso, en Santa Cruz se perdió cuando, en 1961, el camión de Ertl cayó al río cuando el puente por el que cruzaba se rompió. Nunca más quiso hacer cine. Como muestra de su estoicismo, Hans guardó su cámara para siempre y se dedicó a su granja.
Luego del segundo capítulo del libro, le siguen cinco capítulos más, que nos dan una idea del carácter cinematográfico del personaje y la búsqueda de la autora que le quita al viento pasajes de textos, libros, documentos, archivos y sobre todo paisajes naturales: “Retrospectivas”, “Zoom in”, “Los Schwenk”, “Imágenes finales” y “Extras”.
Tengo que confesar que me pasó como a la autora, escogí este libro por el título Surazo, pero no sabía tras lo que iba. El viento me llevó por un viaje con altibajos, con cosas que van más allá de mi comprensión e interés (a momentos), pero siempre me acompañó el cine y los sueños ininterpretables de este hombre. En el libro están la autora, Monika Ertl y otros personajes más tenebrosos, todos relacionados con la Chiquitania. Pero elegí el camino del cine y de los ojos de este hombre extraño, guapísimo y fascinante que viajó a bordo del vapor “Virgilio” en 1939 rumbo a Sudamérica. Me pregunto si su cine fue una forma de borrar lo que vio o era solo parte de un entrenamiento de la mirada. Elegí leer y contar aquí, cómo el libro de Harrasser me llevó al cine de este hombre que fue capaz de mirar cinematográficamente, sin bajar la cabeza, plano a plano, esto:
“Por eso (debido al fuerte oleaje) se izó a bordo una gran jaula metálica que colgaba del puntal de carga, llena de hombres y mujeres y niños llorando, con algunos aferrados desde fuera a este racimo humano suspendido. El inquieto fardo golpeaba a veces contra el costado del barco, a veces contra el canasto que flotaba abajo, una que otra persona caía entre los remeros. Los gritos desesperados de socorro, las órdenes a voz en cuello del capitán y del oficial de carga, el estridente silbato del contramaestre y el rugido de las olas contra el flanco de la embarcación, los aullidos roncos de aves marinas que revoloteaban asustadas por los conos de luz de los reflectores que oscilaban alrededor, sumado al nauseabundo hedor a guano, peces en descomposición y medusas varadas, completaban los terribles acontecimientos de esa noche.”
Esto lo cuenta en su libro autobiográfico Mis salvajes años treinta y Harrasser lo cita seguramente porque también le impresiona el relato. La autora de Surazo duda, compara, demuestra, cuestiona lo que Ertl enfatizó en sus escritos: haber sido antisemita. En Surazo hay más persecuciones, muchas políticas. Para la que escribe este texto, Ertl y su mirada, su porte de explorador y aventurero, su fama de embaucador en los años 30, su fotografía en blanco y negro filmando en la Alemania nazi y otra, filmando también, junto a su hija Mónika, y ese supuesto “antisemitismo” que lo salvaría de ser acusado de colaboracionista nazi. Todo esto, es otra idea que perseguiremos en esta lectura o viaje a través de las calientes tierras de la Chiquitania que no paran de ofrecer distintos ángulos cambiantes de nuestra historia.
Fuente: La Ramona