06/19/2026 por Sergio León

Muerte e iniciaciones místicas en las sociedades premodernas

Por Ricardo Aguilar

Mi interés por Mircea Eliade surgió a raíz de diferentes cuestiones e inquietudes de índole espiritual y temporal. En la literatura encontramos cantidad de muertes y resurrecciones que son el eco de una experiencia universal, no necesariamente física, sino más bien simbólica porque supone una transformación; el fin de la infancia y la apertura a la vida adulta. Hoy en día, no contamos con una experiencia de este tipo. Históricamente, se han enviado a muchos jóvenes a la guerra, jóvenes que, sin previa preparación y motivados por la ilusión de una bandera murieron en batalla. A ellos no se los preparó para lo que enfrentarían en las trincheras, en los desiertos o en las montañas. Al contrario de esto, en los rituales de las tribus africanas y australianas, Eliade nos cuenta como el neófito es sometido a situaciones de peligro y riesgo para que este pueda, posteriormente, afrontar las complejidades que la vida adulta supone, y logre, de este modo, desempeñar mejor las tareas para su comunidad. En el ritual lo que se busca es acabar con el infante a través de una serie de prácticas y ritos, en ocasiones peligrosos, como la sub incisión o escarificación, esto para dar lugar al nacimiento de un nuevo ser.

Estos rituales, descritos en el ensayo, me parecieron muy interesantes. Hay una sección donde, Eliade nos revela como éstos se realizan en un espacio con la forma de un círculo o en una choza que simula ser el vientre de un monstruo que con sus colmillos tritura al novicio para luego vomitarlo y posteriormente sea reconstruido por una deidad. Todo esto, es alegórico, pero sagrado al mismo tiempo. La relevancia de estos rituales también está en la sacralidad del acto, aspecto que se ha ido perdiendo en Occidente porque muchas veces desconocemos lo sagrado en todo lo que nos rodea.

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Continuando con el tema, en las sociedades premodernas existían dos nacimientos y dos muertes, uno biológico, donde un embrión se va desarrollando en el vientre materno y otro simbólico, donde los rituales y las figuras míticas de antaño se hacen presentes para dar inicio a una nueva vida. En uno la muerte es física, en otro la muerte supone una transformación del ser. Actualmente, tampoco contamos con una muerte que dé lugar a ese segundo nacimiento puesto que todas esas prácticas y tradiciones han quedado en el olvido. No hay pruebas iniciáticas para nosotros ni tampoco dioses ni héroes míticos que otorguen un valor cultural y espiritual más elevado a nuestra existencia. Nuestra vida se haya sujeta a la historicidad y al progreso. Nuestros tiempos son lineales y se desenvuelven en el margen de la cantidad y del error. Lo sagrado corresponde a un lenguaje olvidado y los rituales son vistos como una serie de actitudes y relaciones retrogradas carentes de todo sentido. Mircea Eliade, nos demuestra lo contrario. Leerlo es una invitación a reconocer la relevancia que estas prácticas tuvieron en aquellas sociedades o tribus que comúnmente reciben el denominativo de premodernas. Más aún, y a mi parecer, la relevancia de indagar en el trabajo de Eliade es recuperar la noción y sentido de lo sagrado en nuestras vidas.

Lo sagrado, según fui leyendo en el libro, tiene un fuerte vínculo con esa historia mítica que ha dado forma a lo social y cultural dentro de las tribus estudiadas por Eliade, en su mayoría pertenecientes a África y Australia. Para ellos, el tiempo, según indica, a diferencia de como lo entendemos, no es lineal, sino circular, esto quiere decir que hay un retorno a los tiempos primordiales o un retorno alegórico al útero materno, según sea el caso. De este modo, ellos trazan un círculo donde todos los novicios, una vez separados de sus madres, son colocados. En ese círculo se encontrarán con los seres míticos, hombres que una vez existieron y ahora son los encargados de realizar las operaciones ritualistas que generalmente pueden presentar:  sangrado, sub incisión o escarificación, en otros casos, instrucciones, pero en la mayoría de los casos presentan revelaciones.

Algo que llamo mi atención, acerca de los rituales realizados, es el uso de la dramatización. Por ejemplo, se usan bramaderas que emiten un sonido asociado con la presencia del ser mítico o sobrenatural quien realiza las operaciones mientras el novicio se encuentra con los ojos tapados. Otro caso, sucede dentro de una cabaña donde varios hombres simulan estar muertos frente a varios novicios, pero cuando entra el chamán y emite un sonido estos vuelven a la vida. Lo que admiro de estos pasajes es el hecho de poder reconocer que el teatro no es solo entretenimiento, sino puede tener una carga espiritual y ritual capaz de generar consciencia. En este caso, los novicios están viviendo el mito, pero también van adquiriendo consciencia de la vida y de la muerte.

Siguiendo este mismo proceso, me causó conmoción el hecho de que las tribus se perciben, según Eliade, como la culminación de una historia que tuvo su origen hace mucho tiempo; se refiere a una época de antaño en la que estos seres míticos y sobrenaturales, deificados con el tiempo, se encargaron de traer la civilización y la cultura a la gente. Esto resonó en mi porque me hizo pensar en una situación primigenia en la que hubo desorden y caos entre la gente, pero cuando aparecieron estos seres, hombres más despiertos y lúcidos, se dispusieron a poner orden en medio de todo caos. Eliade y otros estudiosos dentro del campo los denominan el héroe civilizador, un ser que existió en tiempos de antaño y es rememorado en cada rito de pubertad realizado.

También debo reconocer que he llegado a considerar que el origen de muchos mitos partió desde un hecho concreto. Es de suponer que estos héroes civilizatorios fueron humanos como todos nosotros, pero con el tiempo fueron deificados y convertidos en algo más trascendental porque sus acciones llegaron a resonar con los demás y fueron capaces, de ese modo, de engendrar la cultura en comunidad. Estos rituales, ahora que lo veo, se realizan constantemente para mantener el sentido civilizatorio dentro de la propia comunidad.

Otras prácticas simbólicas presentes durante los rituales tienen su fundamento en la naturaleza andrógina de la divinidad. En algunas tribus de África y Australia, algunos iniciados tienden, dependiendo del género a vestir con ropa del género opuesto. El andrógino es precisamente superior a ambos sexos porque encarna la totalidad y por tanto la perfección, indica Eliade. Este andrógino, tiende a referirse a la idea de la totalidad divina y aparece en muchas religiones primitivas abarcando al mismo tiempo la existencia simultánea de todos los atributos divinos como también la acumulación de los sexos. En esa totalidad también se haya presente un anhelo de perfección. Cabe interpretar la transformación de los novicios en mujer, por medio del disfraz o la subincisión, como un deseo de recuperar una situación primordial de totalidad y perfección. Esta práctica ritualista me llevo a pensar en la naturaleza misma, pero como algo que trasciende toda dualidad, en este caso, lo masculino y lo femenino. Al abarcar estos opuestos, se entiende la noción de una totalidad y una perfección. Jung también habló mucho sobre los opuestos y sus escritos pueden relacionarse con los estudios de Eliade, pero ese sería un tema para otra ocasión. Lo interesante, de estas posturas de lo total y perfecto es que lo divino como tal se haya por encima de los contrarios.

También me impactaron otras creencias arraigadas a las tribus, aunque un tanto más extremas, pues una de ellas dice que el neófito es cubierto con la sangre masculina ya que la única sangre con la que este había tenido contacto durante su primer nacimiento era la de su madre. A pesar de la dureza del acto, considero que uno debe tener en cuenta que todo ello tiene un fin y un motivo, siendo en este caso la muerte del estado infantil y el renacimiento para la vida adulta.

Existen también mitos donde se encuentran monstruos o animales salvajes, estos son el fundamento para aquellas iniciaciones que tienen lugar dentro de una choza. Estar encerrado en la choza equivale a encontrarse en el seno materno o la noche cósmica, previo a ese estado preformal. Durante esa estadía en ocasiones el novicio se encuentra sujeto a situaciones incómodas que simulan un momento donde es devorado por el monstruo. En los propios mitos también se habla de cómo tras ser vomitados, estos son recompuestos por otras deidades del panteón mitológico. Esto me llevo a reflexionar acerca de aquellos estados pre nacidos o pre conscientes de nuestra existencia en los que lo único que hay es la oscuridad, es algo muy similar al dormir, pero sin soñar, y el hecho de que estas tribus sean conscientes de esa noche cósmica y de este modo sean capaces de emularla refleja los saberes y nociones que tenían sobre la vida y la muerte, pero cargados del mito y del sentido espiritual del rito.

Otro aspecto importante es que no son solo los varones o novicios quienes son parte de los ritos de pubertad, sino también se hayan las mujeres. Ellas, tienen otros ritos e instrucciones, que ante todo, tienen su importancia en la revelación de la sacralidad femenina. La joven se prepara ritualmente para asumir su modo peculiar de ser, esto es, ser creadora, instruyéndose al mismo tiempo acerca de sus responsabilidades en la sociedad y en el Cosmos, responsabilidades que, para los primitivos, son siempre de naturaleza religiosa. De este modo, el rito esencial, en la mujer, es la presentación solemne de la joven como adulta, es decir, se halla puesta a asumir el modo propio de ser mujer, y uno de los aspectos sagrados en ello, es su facultad de ser creadora y dadora de vida. Este pasaje, incluso me llevó a reconocer que aquellas experiencias como el dar a luz o la menstruación son propias del género femenino y por lo tanto intransferibles para los varones En palabras de Eliade, es el signo visible de madurez sexual. La revelación de ser creadora de vida constituye para la mujer una experiencia intraducible en términos de experiencia masculina. En ese sentido, se revaloriza la sacralidad femenina porque al igual que la naturaleza y la divinidad ella genera vida.

Tras la lectura de este ensayo, he podido reconocer que estas tribus tenían un vinculo muy fuerte con lo sagrado. Nosotros por nuestra parte, en muchas situaciones, desconocemos que es sagrado para nosotros. En el caso de las tribus lo sagrado se haya presente en los propios ritos de muerte y resurrección y en las revelaciones que tanto varones como mujeres aprenden durante su proceso de iniciación.

Esta explicación que se ofrece sobre este rito no es el único que podemos encontrar, sino hay testimonios de muchos más. La muerte no solo está dirigida a esa etapa infantil ni tampoco comprende las tribus, solamente. Están también aquellos ritos iniciáticos que buscan la muerte de la condición profana y, por ende, aspiran a revelar los misterios de la vida y la muerte. Existen de este modo, las iniciaciones dentro de las conocidas sociedades secretas como bien las experiencias religiosas vividas por muchos místicos y poetas. Por tanto, no cabe duda que la muerte no solo es física, sino también es simbólica, permitiendo la apertura de lo que será un segundo nacimiento. Asimismo, esto reaviva aún más mi interés por indagar y comprender todo aquello y a mi mismo.

 

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Extraído de Lengua suelta. Revista literariahttps://www.ramonacultural.com/lengua-suelta/muerte-e-iniciaciones-misticas-en-las-sociedades-premodernas/