[Entrevista de Marcelo Paz Soldán a Álvaro y Diego Loayza sobre su novela ¿Dónde carajos está Litovchenko?]*
[Marcelo]: ¿Cuál fue el germen creativo de ¿Dónde carajos está Litovchenko? Es decir, ¿de dónde surge la idea de entrelazar la desaparición de una joven con la figura de un exespía soviético legendario? ¿Hubo algún hecho real de los años 90 que los inspirara directamente para construir esta trama tan inusual?
[Diego Loayza]: Es una larga historia, así como la novela. Pero si hablamos del germen mismo, se podría decir que es, nada más y nada menos, que el propio título. El título fue el punto de partida, algo suficientemente estimulante que, como una semilla, contenía todo el potencial narrativo necesario para emprender la aventura. Los personajes, dos detectives privados, Baby Beef y Jimmy Tica —así, por esos nombres que son flor de nombres—, vinieron casi inmediatamente después como dúo protagónico. Ese fue el germen. La trama, la intriga y la incorporación del trío de colegiales vinieron bastante después, pero nos parecieron la clave para expandir el universo y darles a los detectives una cancha más vasta para desenvolverse; extender La Paz hasta esos barrios olvidados por la literatura y, sin embargo, muy reales en la dinámica de la ciudad y jugosos en materia narrativa. Poco a poco, los adolescentes fueron ganando peso, hasta llegar a esa forma casi de tramas paralelas que se pinponean con los detectives en la versión final. La ciudad, en el género negro, tiende a devenir en un personaje; encarnando el lujo y la miseria, la decencia y la decadencia que conviven orgánicamente en la urbe moderna.
[Álvaro Loayza]: Es usual que los gérmenes broten de una imagen, de un nombre, de un chiste. De Litovchenko yo recuerdo pensar en una escena donde un bailarín —de mediana edad— de ballet soviético danzaba sobre un escenario cuando entraba al recinto un personaje sospechoso al cual no se le veía el rostro; hacíamos corte a la cara de un policía/detective gordo y mofletudo, todo alterado preguntando: “¿Dónde carajos está Litovchenko?”. He ahí, para mí, el origen de lo que luego terminaría siendo esta novela. Recuerdo que cuando filmábamos la película de De kenchas, perdularios y otros malvivientes, merodeaba el rodaje un señor ruso llamado Oleg —amigo de un tío nuestro— que, junto a su esposa, tenía una academia de danza, y nos pidió actuar en la película; calzó a la perfección. Quizás en la aparición de ese ruso emerge la semilla de lo que vendría a ser la novela, además de que uno de los personajes principales, de forma inopinada lleva su nombre.
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[Marcelo]: La novela está ambientada en una La Paz noventera llena de contrastes (neoliberalismo vs. rebeldía juvenil, cocaína vs. MTV, posdictadura vs. modernidad). ¿Por qué les interesó retratar esa época en particular? ¿Qué desafíos enfrentaron al evocar el ambiente, la jerga y la cultura pop de los 90 en Bolivia, y cómo lograron que el escenario se sintiera auténtico?
[AL]: No fue algo “buscado”. Quizás había un deseo velado de abordar un tiempo más vintage, con una pátina de pasado pero no demasiado lejano. En el batiburrillo de ideas siempre estaban los detectives, pero cuando aparecieron los adolescentes y ese mundo musical/metalero en que habitaban, intuyo que los noventas se decantaron, ya que en ese tiempo Diego y yo fuimos adolescentes y metaleros impenitentes.
[DL]: Nos quisimos remontar hasta el periodo más cercano posible sin celulares o redes sociales… El celular realmente es un incordio para la narrativa, asumiendo el desencuentro como un poderoso fertilizante para cualquier relato de intriga. Además, el traslado a fines del siglo XX nos permitió dialogar con dos etapas de nuestras vidas; la actual, de cuarentones, mediante los detectives, y la de hace treinta años, cuando gozábamos, o padecíamos (como se prefiera), de la pubertad en pleno periodo grunge. Todo lleva a los noventas, e incluso el panorama sociopolítico actual no parece indicar lo contrario. Algo nos están queriendo decir los noventas y quizás nosotros sólo hemos acudido a las señales de la historia.
[Marcelo]: Su novela combina elementos de novela negra, sátira, thriller e incluso coming-of-age. ¿Cómo describirían el balance que logran entre el humor negro y la intriga policial? ¿Tenían referentes literarios o cinematográficos en mente para lograr esta mezcla tonal? (Por ejemplo, ¿se inspiraron en autores de novela negra o en películas de humor ácido al estilo Tarantino, etc.?)
[DL]: Hay muchos guiños, referencias y, sobre todo, diálogos con varios escritores, cineastas… muchos cineastas, pintores y músicos que admiramos por diferentes razones, pero todo eso tiene que ser subordinado a la arquitectura propia de la historia, a la travesía de los personajes, que es lo que debe mandar en los contenidos. De la misma forma hay homenajes a otros narradores, comediantes y, a veces, poetas, no tan célebres, pero tremendamente prolíficos en inspiración que son los amigos, muchos vivos y algunos no tanto, que uno va atesorando en todos estos años.
[AL]: Las inspiraciones artísticas creo que operan desde parajes extraños del inconsciente y, al ser mayormente inconscientes, irrumpen, no se piensan y más bien toca pensar cuáles son y desde dónde han venido a partir de preguntas como la tuya. Haciendo ese ejercicio es imposible obviar algunas influencias cinematográficas como el Tarantino noventero (de Reservoir Dogs, Pulp Fiction, Jackie Brown), Lynch, The Big Lebowski, de los Coen, que crea también un vínculo con la novela negra de Raymond Chandler, capaz picaresca española. De todo ese popurrí, al que puedes sumarle cierto espíritu seinfeldiano, se exprimen inspiración e influencia por el cual transcurre como denominador común el humor y una pequeña noción del absurdo.
[Marcelo]: Jimmy Tica y Baby Beef, los detectives, son personajes muy singulares dentro del panorama literario nacional, al igual que los jóvenes Trini, Gonzo y Oleg, o los villanos Gogrín y Litovchenko. ¿Cómo fue el proceso de crear y dar voz a estos personajes? ¿Se basaron en personas reales, en arquetipos del género o salieron de anécdotas y ocurrencias propias? En particular, ¿qué los llevó a decidir que dos detectives adultos hicieran equipo con tres adolescentes estudiantes?
[AL]: Poquísimos personajes están basados en personas reales, capaz algunos secundarios muy inspirados por amigos o personas finadas, pero de los principales ninguno. Lo que sí es imposible no otorgarles a, por ejemplo, los detectives algún talante o impronta de amigos o personas conocidas, a los cuales se les va añadiendo de forma distorsionada frases que dicen o anécdotas que viven los protagonistas durante la novela.
[DL]: Es muy difícil describir el proceso de construcción de personajes. Es apasionante y divertido como pocas cosas, pero arduo y angustioso también, para lo cual no creo que haya una fórmula positiva. Hay que querer a tus personajes, hasta a los más viles. En una clase de actuación escuché algo que se aplica también a la narrativa y a la escritura: debes tratar y concebir a tu personaje como si fueras su abogado defensor, aunque sea perverso y vil, no puede actuar simplemente para ser un engranaje en la historia o soporte de alguna postura moral o un panfleto. Me parece importante evitar buscar a priori la «representatividad» de un personaje respecto a una clase social, cultura, género u oficio antes de su singularidad. Así como nosotros, que somos sujetos singulares, pero, paradójica e inevitablemente, también somos representantes de categorías que nos envuelven, delatan y determinan sin siquiera tener conciencia de ello. Tienes que ser capaz de comprender el proceder desde adentro, lo que hace cada personaje tiene que tener sentido para el mismo, antes que para la trama, el autor o el lector. El proceso, más que en «crear» personajes, consiste en escucharlos, descubrirlos y «revelarlos» como se revela una fotografía en la intimidad del cuarto oscuro.
[Marcelo]: La presencia de la música (rock, metal, pop, folk) es fundamental en la novela, con constantes referencias y hasta una banda sonora al final. ¿Qué papel juega la música en su proceso creativo y en la historia misma? ¿Escuchaban esa playlist mientras escribían? ¿Cómo creen que esa selección musical contribuye a la atmósfera y al mensaje de la novela?
[AL]: Como mencioné, los adolescentes —como personajes— vinieron ya con cajita musical y desde la primera versión (de las cuatro que escribimos de la novela), los epígrafes musicales eran una suerte de hilo conductor narrativo, el cual con modificaciones, mantuvimos hasta el final. Lo que sí sorprendió fue el resultado final de referencias musicales tan amplias y eclécticas lo cual devino en una decisión coherente de acompañar la novela con una banda sonora con más de 120 artistas y una pléyade de géneros que basculan entre Cannibal Corpse y Roberto Antonio, entre Savia Nueva y Mazzy Star, entre Pink Floyd y la Familia Valdivia.
[DL]: Para ilustrar la enorme paleta de emociones y atmósferas que cohabitan en la novela podemos citar desde Terremoto de Sipe Sipe de Daniel Albornoz hasta Matando güeros de Brujería. Indudablemente la base y el tono está marcado por el metal y sus derivados, pero no nos limitamos a ese género del rock ya que, es bien sabido, hay dos clases de metaleros: los metaleros en serio y los que se toman en serio. Por eso mismo, optamos por extender el mundo musical a parajes insospechados y de insospechada variedad, incluso para nosotros que nos consideramos eclécticos, indagando en los placeres probablemente más culposos e inconfesables en el campo del gusto musical, entre otros. Pensándolo bien, quizás de eso se trata la vocación de escribir, ¿no? Aventurarse, bien encomendados, claro está, a los terrenos de lo incómodo y lo inconfesable hasta para uno mismo.
[Marcelo]: La sátira y el humor negro atraviesan toda la novela, incluso al abordar temas muy serios como la corrupción, la violencia o la marginalidad. ¿Por qué eligieron el humor como vehículo para esta crítica social? ¿Consideran que en Bolivia hace falta más humor en la literatura para afrontar nuestros propios demonios? ¿Hubo límites autoimpuestos en cuanto a hasta dónde llegar con la irreverencia, o se dieron total libertad creativa en ese sentido?
[AL]: No es un ethos pensado, pero creo que sería imposible emprender la aventura de escribir a cuatro manos con Diego si no fuera una «excusa» para cagarnos de risa, así que el humor y la risa son una quintaesencia de nuestra forma de entender la creación, literaria en este caso. Ítalo Calvino en sus Seis propuestas para el nuevo milenio enunciaba entre ellas a la levedad, no como superficialidad sino como una forma de sobreponerse a la pesadez existencial, y creo que el humor es un derrotero formidable para eso y una herramienta preciosa y esencial en la creación artística.
[DL]: Del humor es muy difícil hablar, ¿no es así? Es algo que se resiste al comentario y al análisis, so pena de desmoronarse o perder su esencia hilarante. Sólo cabe decir que, si el lector se caga de risa con la novela, me quedo muy contento porque a nosotros también nos hizo reír mucho escribirla.
[Marcelo]: Siendo hermanos y coautores, ¿cómo es el proceso de escritura a cuatro manos? ¿Se reparten capítulos, personajes, o escriben físicamente juntos cada escena? ¿Qué ventajas y desafíos han encontrado al escribir en dúo, y cómo se manejan cuando surgen diferencias creativas durante la gestación de la novela?
[DL]: Es un tema que suscita muchas interrogantes y, para mí, sinceramente no es algo tan complicado una vez que una idea poderosa, un faro estético, por así decirlo, aparece en la psiquis de ambos. Así como tiene sus problemas, también tiene sus ventajas; como la de ahuyentar con mayor rigor la tentación del capricho narcisista o la interferencia de la voz propia por sobre la de los personajes. En fin, es como emprender un viaje en coche en busca de una luz que se divisa a lo lejos, a veces uno maneja, otro ve el mapa y viceversa, a veces das media vuelta, a veces encuentras atajos o te pierdes en el camino, discutes, disfrutas en silencio o escuchando música, pero siempre guiados por ese faro que es la idea matriz. Así como en la novela hay mucho diálogo, en la concepción de la misma, también hay horas de horas de diálogo, quizás tantas como las que ocupa sentarse a escribir. Es más trabajoso y lento que el trabajo individual pero no creo que haya nada más reconfortante para el espíritu que el trabajo creativo en equipo.
[AL]: Además de las risas mencionadas, creo que en ese constructo colectivo que va siendo la obra, resalto, a la hora exacta de escribir, de plasmar en texto la novela, el trabajar de forma permanente con un editor. Ya que cualquiera sea el que escriba el fragmento, parte o capítulo, es inmediatamente revisado, interpelado y editado por el otro, haciendo del editor una parte activa y permanente del proceso creativo. Quizás como una desventaja, que puede ser ventajosa, está la de los tiempos, la escritura a cuatro manos se alarga, y es por eso que Litovchenko, a fuego lento y cuatro versiones después, tardó siete años en ver la luz.
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[Marcelo]: ¿Qué autores u obras consideran influencia en su carrera y particularmente en esta novela? Se ha mencionado que ¿Dónde carajos está Litovchenko? recuerda en su tratamiento del lenguaje a escritores como Saenz, Viscarra o Cárdenas. ¿Se sienten conectados con esa tradición literaria de La Paz? ¿Y qué hay de influencias internacionales, por ejemplo, de la novela negra clásica (Chandler, Hammett) o del boom latinoamericano de novelas policiales contemporáneas?
[DL]: Claro, la novela también es una oportunidad para dialogar con muchas tradiciones, no sólo literarias sino también cinematográficas, musicales, pictóricas. No se trata de copiar, emular o imitar a los maestros que admiramos, pero tampoco de ignorarlos como si pretendiéramos descubrir la pólvora. Siempre queda el diálogo, una obra es una oportunidad de dialogar con los que preceden y tender puentes, establecer nuevas conexiones simbólicas, nuevas síntesis estéticas.
[AL]: Los referentes literarios de uno, son una compañía que siempre está en la mochila, en el aura y no es necesario echarles mano de forma directa, así es que Saenz, sobre todo el hilarante de Los papeles de Narciso Lima Achá, o Roberto Arlt, Cervantes, como el ya mencionado Chandler; en términos del bardo paceño, siempre “se están”. A mí me gusta de novela negra de Ellroy, la pluma y el humor de escritores latinoamericanos como Juan Cárdenas o Federico Guzmán Rubio, como tantos otros. Pero, por ejemplo, tengo una deuda culposa con Adolfo Cárdenas a quien todavía no he leído. Aparte de la literatura, el cine y la música, también hay en la novela influjos de la pintura como ser el imprescindible Goya, expresionistas alemanes como Grosz, Dix y Beckmann, muchos pintores renacentistas y barrocos como Tiziano, Brueghel y Velázquez; todos ellos aportan algún matiz de color a la narración.
[Marcelo]: Ahora que la novela ya está publicada y teniendo sus primeras lecturas, ¿qué reacciones del público o la crítica les han sorprendido más? Hasta el momento, ¿cómo sienten la recepción de ¿Dónde carajos está Litovchenko? en comparación con su primera novela? ¿Esperaban que ciertos aspectos (el lenguaje coloquial sin filtros, las referencias muy locales) fueran tal vez polémicos o difíciles, y cuál ha sido la realidad?
[AL]: Muy agradecido, lo cierto es que no esperaba una recepción tan amplia y generosa de la novela. Hubo mucho trabajo detrás del libro, pero el minuto que uno publica deja de ser de uno y se vuelve de los lectores. Las múltiples reacciones me ponen muy contento y fascinado con comentarios, hallazgos y lecturas que uno jamás pensó al escribir el texto, pero que los lectores avezados hallan entre las líneas del mismo y esos descubrimientos, sentidos y comparaciones son una de las partes más felices y deliciosas de escribir libros. Por mencionar un par de citas sobre el libro, que Edmundo Paz Soldán haya dicho que hace tiempo no se reía tanto con una novela o que Ricardo Bajo piense que Litovchenko es la mejor novela boliviana en mucho tiempo, me provoca un inevitable rubor.
[DL]: Me siento muy contento con la recepción que viene suscitando. Me satisface y llena de gratitud que sea accesible para todo tipo de lector y que los personajes y la intriga atrapen a gente de lo más diversa. En el fondo, esa es mi posición personal, uno escribe para el lector, para darle la mejor travesía posible a través de mundos insospechados y llenos de peripecias apasionantes, que exuden humanidad.
[Marcelo]: Por último, ¿qué representa “Litovchenko” para ustedes, más allá del personaje? En la novela es un símbolo de muchos males (la corrupción, la intervención extranjera, el “enemigo oculto”), pero también mantiene un halo casi mítico. Mirando la Bolivia de hoy, ¿dónde carajos está Litovchenko? Es decir, ¿creen que persisten “Litovchenkos” en nuestra sociedad actual —figuras sombrías que encarnan las mismas problemáticas—, o piensan que el país ha cambiado lo suficiente como para exorcizar esos fantasmas?
[DL]: Una vez publicado el libro, cualquier cosa que uno diga al respecto vale lo mismo que la opinión de cualquier lector que haya abrazado la experiencia, el drama de los personajes. Ahora la novela ya no nos pertenece y ha de defenderse sola por el mundo. A cada lectura corresponde desentrañar el sentido que despierta en su respectivo lector. Lo único que podemos afirmar es que fue un deleite escribirla y verla nacer junto al esfuerzo y la confianza de Nuevo Milenio. Creo que el «significado» de una novela es algo que está en constante movimiento como la vida misma. Incluso se puede decir que, tras la voltereta política que ha dado el país en estos días, el significado de la historia está mutando con respecto a la fecha en la que fue publicada hace apenas unos meses. Prefiero no contaminar esa sensación de aprehender el texto libremente al dar mi punto de vista sobre algo que es, en cierta medida, propiedad de la imaginación del lector cuando se enfrenta al libro y le dedica su tiempo. Sin embargo, más allá de la novela, sobre la cuestión de los fantasmas individuales o colectivos, da igual, que sobrevuelan en las páginas del libro, pienso que la esencia de un fantasma es justamente esa: su inopinada capacidad para volver. Y en Bolivia como en el mundo entero, me parece que la sociedad de hoy tiene muchos, demasiados, fantasmas pendientes.
[AL]: A partir de tu pregunta, lo pienso ahora, y no como algo que quisimos expresar explícitamente en el texto, pero puede que Litovchenko sea esa latencia del mal tan elusiva como inextricable de la realidad, ese mal difuso pero inherente que funciona en la realidad, y que a un primer vistazo es imperceptible, pero que está y opera y daña, de forma casi invisible, el mundo y la sociedad en que habitamos.
* [Entreviste vía correo electrónico a Álvaro y Diego Loayza sobre su novela, ¿Dónde carajos está Litovchenko. Noviembre de 2025]
Fuente: Editorial Nuevo Milenio