01/14/2026 por Sergio León

“El comienzo del paraíso” de Edmundo Paz Soldán

“El comienzo del paraíso” de Edmundo Paz Soldán

Por Rocio Estramadoiro Rioja

(Texto leído en la presentación de «El comienzo del paraíso», realizado en Fundación Simon I. Patiño, Cochabamba, 2026)

Confieso que esta última semana esperaba la hora de acostarme para leer los cuentos de “El comienzo del paraíso” de Edmundo Paz Soldán. Como sufro de insomnio, en parte por consumir traumas por mis lecturas de ciencias sociales, suelo dejar la liberadora literatura para leer antes de dormir y así descansar un poco mejor con mi cerebro enfocado y deleitado en los maravillosos remolinos de la fantasía. Así, estos últimos días este fue mi libro de cabecera esperado con ansias, ya que hacía mucho tiempo un libro no me hacía soñar lúcido.

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En los sueños lúcidos la realidad es tan nítida como la vigilia, sólo que, por alguna razón misteriosa, los colores son más intensos, las sensaciones más penetrantes, el pensamiento más agudo. Los sentidos se acrecientan y también las emociones.

Esa es exactamente la sensación que deja la lectura del “El comienzo del paraíso”. Escenarios apocalípticos, la naturaleza que reacciona enloquecida a las acciones humanas, exploraciones a lo vasto y complejo de este planeta y a las creaciones y descubrimientos humanos. Nada que no pueda suceder en un futuro, tal vez cercano, de este punto de luz que habitamos. Nada que no pueda suceder, pero con colores acrecentados, como en un sueño lúcido.

La noche que terminé de leer todos los cuentos, me vi volando por Cochabamba hacia el sudeste, como a veces hago en mis sueños lúcidos. Era de día y, como nunca, el cielo estaba más luminoso de lo normal. Bajo nubes iridiscentes, el caserío de la ciudad resplandecía con el sol. Estaba dichosa, volaba a gran velocidad y sentía el aire golpeado mi rostro y brazos. De pronto, ahí aparecieron, volando junto a mí, engalanando el firmamento: Ramas de árboles que se enredan como cabellos de medusa, arañas fosforescentes, tortugas flotantes, animalitos de metales raros, ciervos psicodélicos, volcanes de siete colores, extrañas criaturas marinas. Cito: “Enormes y manchados peces loros de alrededor de un metro”, un “tiburón de dos metros con una abolladura cerca de la cola”, “escurridizos colas amarillas”, “un coral cerebro sobre un pedestal rocoso”, “ocho peces chivos como vacas rojizas pastando en un campo teñido de escarlata”, “un pez largo como una lombriz transparente y con los ojos como únicos órganos visibles”,  veinte peces hacha plateados”, “un pez grueso de cola de rata, largo, blanco y pálido”, “un indiacanthus macho de piel clara y sin dientes”, “dos astronesthes”, “seis a ocho delicados camarones”, “medusas blancas y luminosas bailando”, “un pequeño calamar de cola encrespada” (del cuento de “Las enloquecidas estrellas”).

Si algo agradezco a la existencia es la habilidad para tener sueños lúcidos. No obstante, no hay mayor sueño lúcido que la imaginación que alimenta al conocimiento, que la fantasía del cerebro humano vadeando en torno a los insondables enigmas y la extraordinaria realidad, que la literatura que abre la puerta de los sueños.

Fuente: Ecdótica

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