Por Mauricio Murillo
Nunca se sabe la muerte que nos está destinada. Porque el ser humano es frágil, piel y tejidos, todo blando y sin defensa, y ese río parado de la sangre que la menor violencia convierte en chorro.
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“Junta de sangres”, Óscar Cerruto
La importancia de Cerco de penumbras de Óscar Cerruto en la literatura boliviana se ha venido destacando desde su publicación. No sólo generó una manera novedosa de narrar, sino que mostró, de manera contundente y clara, que existen otras maneras de hacer literatura. Si bien no es un libro experimental ni vanguardista, Cerruto elaboró un conjunto de relatos fantásticos memorable y que comulga entre sus partes, instaurando un parteaguas que determinó una perspectiva distinta sobre la ficción en Bolivia.
Este breve preámbulo no intenta cargar de toda la responsabilidad (o de todo el éxito) a Cerco de penumbras, busca, en todo caso, iluminar la importancia de este libro y de lo que produjo en relación a lo fantástico proyectado en la historia literaria boliviana. En el prólogo a la más reciente edición, el crítico Luis H. Antezana afirma: “Cerco de penumbras, en 1958, marca en la narrativa boliviana el desplazamiento del realismo hacia la ficción” (Antezana, 2005: viii). Si bien otras escrituras que antes del 58 atentaron contra un sistema decadente y cerrado de hacer ficción narrativa (Chirveches, Borda, Zamudio, para nombrar algunos) el impacto que tuvo Cerco de penumbras es ejemplar y, notoria y demostrablemente, “abre otros espacios para y en la narrativa boliviana” (Antezana, 2005: xiii).
Debido a que un estudio del género fantástico en la literatura boliviana debiera extenderse en más de unas breves páginas, he decidido armar este breve texto introductorio en torno a tres nudos que permitirían reflexionar sobre el tema y plantear interrogantes sugestivas. Me gustaría hablar de tres autores: Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela, Ricardo Jaimes Freyre y el ya mencionado Óscar Cerruto.
Desplazar con el lenguaje: Arzáns
En torno a la obra de Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela, y para acercarse a ella, es bastante productivo hacerse algunas preguntas: ¿Por qué se considera ficción? ¿Qué particularidad en sus mecanismos literarios la instauran como narración antes que como documento oficial dirigido a la Corona? ¿Cuál es su proyección? La primera es la más importante, ya que la obra de Arzáns, sobre todo desde el siglo XX (y gracias al rescate realizado por Gunnar Mendoza y Lewis Hanke, además de lecturas de Leonardo García Pabón, Blanca Wiethüchter y Alba María Paz Soldán) es considerada como un pilar fundamental de nuestra literatura. En la abstracción que proponen podemos encontrar una reflexión fundamental sobre el sustrato de la ficción. “El texto de Arzáns se diferencia de otros libros de la época por la libertad y frecuencia del uso de técnicas literarias con las que transforma la tradición de escritura que hereda” (García Pabón, 1998: 20). De este modo, Arzáns se desliga de la condición oficial de las crónicas coloniales para contagiarlas de literatura.
El texto de Arzáns realiza un doble desplazamiento con el lenguaje que tiene importantes implicaciones en relación con el surgimiento de una literatura en América, y particularmente en Bolivia. Primero, tanto por el estilo como por la intención esta escritura se desplaza desde la historia hacia la literatura, impulsada como está por el deseo de ‘contar la historia’ de un Potosí cotidiano que se debate entre el pecado, el misterio y un pasado fabuloso. El énfasis está claramente en el contar más que en el historiar en sentido estricto. Luego, este libro lleva la palabra y la escritura en lengua castellana, con el peso de su importante tradición literaria, a un nuevo lugar de enunciación: el de la experiencia americana, arrebatándola de su representación exclusiva del dominio español en América (Paz Soldán, 2002: 3-4).
Es significativo remarcar que, tanto para García Pabón como para Paz Soldán (acompañada de Blanca Wiethücther), en la Historia de la Villa Imperial de Potosí se encuentra en potencia mucho de lo que años y siglos después se denominará como literatura boliviana. En este sentido, para el objetivo de este texto introductorio, habría que pensar que la obra de Arzáns, sobre todo con el contagio de lo mítico y de las leyendas populares, pone en crisis la comprensión racional y oficial de una realidad que, en verdad, se matiza y se hace más ambigua en la obra del potosino. Con la escritura de Arzáns ya se comienza a crear un espacio protofantástico (para nombrarlo de alguna manera), donde no solamente los fantasmas de la Villa Imperial, los milagros de los santos y tantas otras tergiversaciones de lo real hacen de esta una obra narrativa ambigua y ficcional, sino que es el trabajo sobre el lenguaje que encontramos en los tres tomos de la Historia donde se puede reconocer algo de lo que rastrearemos como literatura fantástica.
Introducir lo fantástico: Jaimes Freyre
En el conjunto de la crítica boliviana no encontramos una afirmación tan categórica en la que se marca el inicio de lo fantástico en nuestras letras como la que elabora Blanca Wiethüchter al habla de Ricardo Jaimes Freyre: “sin lugar a dudas Jaimes Freyre es el introductor de la literatura fantástica en Bolivia” (Wiethüchter, 2002: 226). En este sentido, si Arzáns activa en la literatura boliviana un desplazamiento del registro oficiar para contaminarlo de ficción (y en este desplazamiento encontramos, claramente, lo que hemos llamado una literatura protofantástica), Jaimes Freyre introduce (con su poesía y con sus cuentos) lo fantástico en nuestra literatura en el tránsito de siglos XIX y XX. Como ejemplo, en el esetudio sobre el escritor boliviano que titutla “Ricardo Jaimes Freyre: El hospitalario” que acabamos de citar, Wiethüchter plantea específicamente que el poema “Lustral” puede registrarse dentro de la literatura fantástica (Ibid.). Más adelante, amplía sobre el tema de la siguiente manera:
Si la realidad es transformable por la nominación debe ser puesta en cuestión; lo que implica casi naturalmente la pérdida de toda seguridad en ella porque pone en tela de juicio nuestra propia realidad (…) Como dice Víctor Bravo, una de las razones fundamentales de la producción fantástica es, sin duda, “otorgarle estatuto de realidad a la ficción o a sus correlatos. En el correlato sueño/vigilia, al trocarse el sueño en realidad, este puede invadir el ámbito de lo real y/o soñarlo (trocar lo real, a su vez, en sueño). Podría decirse que cualquier texto fantástico que parta de este correlato no es sino una combinatoria de estas posibilidades”. Esta inversión desestima totalmente la presentación de lo real y lo denuncia simplemente como lo que es: representación, ficción (Ibíd.: 258).
Esta última cita dialoga de manera óptima con lo que he afirmado sobre Arzáns. De todas maneras, la dimensión fantástica de al obra de Jaimes Freyre es apenas tocada por Wiethüchter y, me aparece, que es una veta en la que se puede profundizar de manera interesante. En un estudio que ahonde esta condición podremos encontrar no sólo la potencia fantástica en la obra del poeta modernista, sino que entenderemos de manera más acertada su influencia y su proyección.
El lugar de la resistencia: Cerruto
Retomemos la importancia de Cerruto con la que iniciamos este ensayo. Si en Arzáns encontramos el registro de lo fantástico de manera primitiva, resaltando que plantea el lenguaje con ficción, y en Jaimes Freyre reconocemos la introducción de lo fantástico en nuestras letras, Cerco de penumbras es el libro que conjura todos los requisitos del género y los lleva a la escritura. Esto no quiere decir (como lo hemos visto) que antes de Cerruto no se escribió relato fantástico ni que el escritor paceño es el descubridor de la pólvora; lo que sí es difícil de eludir es que con este volumen Cerruto (por su importancia, por su difusión, por su calidad) permite visualizar una alternativa narrativa en nuestro país que en ese momento y, de cierto modo también hasta hoy, va en contra de una manera más bien institucionalizada de hacer ficción.
Para Antezana, “Cerco de penumbras explicita el carácter abitrario (fictivo) del discuros literario en un horizonte en el que la narrativa no sólo era literariamente ‘realista’ sino también ejercía funciones de suplencia representativa y cognoscitiva afines a alas ‘ciencias sociales’” (Antezana, 2005: viii). Entonces, para leer este conjunto de relatos no sólo tenemos que entender la importancia de lo fantástico en sus páginas (y de la revolución que esto implica en el horizonte literario boliviano) sino que también es necesario reconocer su carácter ficcional explícito. Por lo tanto, una de las vetas significativas del estudio sobre lo fantástico en la literatura boliviana nos llevará hacia la discusión de cómo es que se relacionan nuestros libros con el mismo acto y experiencia de construir ficciones. No es nada deleznable que para Antezana es justo un texto de literatura fantástica (asimismo el de Arzáns que funcionaría como una crónica híbrida) el que establece una ruptura con una manera por lo menos limitada de entender la escritura, una suerte de discurso suplente, utilitario, de corto alcance. “Cerco de penumbras marcaría algo así como el fin de esa necesidad de suplencia cognoscitiva y representativa. La narrativa boliviana podría, ahora también explorar otros más ‘irreales’ terrenos” (Ibid.: x).
El peso de la literatura realista (desde el costumbrismo hasta las novelas sobre las minas, pasando por otros géneros afines) dominó el horizonte literario de nuestra literatura sobre todo en la primera mitad del siglo XX. Cerruto no fue el único en resistir esa forma más bien insuficiente de escribir, pero sí fue una figura determinando. Con Cerco de penumbras, volumen de relatos fantásticos (valga la repetición y aclaración), explicitó una división que ya se venía reconociendo en la literatura boliviana. Es el único género que podía confrontarse a esa manera de hacer literatura como discurso suplente, sí fue el que se impuso como un horizonte contra canónico (algo no falto de ironía, ya que Cerco de penumbras es actualmente uno de nuestros libros más canónicos). Acá la ficción se presenta como algo rico y posible, complejo en el mejor sentido de la palabra, disfrutable, autónomo, artificial. Esto nos brinda lo fantástico, esto es lo que posibilita.
La importancia de la ficción
El género fantástico en la literatura boliviana puso en crisis una manera insuficiente de entender la ficción. En última instancia, nos permite preguntarnos sobre los alcances de la narración en torno a los desplazamientos del lenguaje. Si con esta óptica volvemos sobre nuestra historia, podremos tal vez entender de manera complementaria distintos proyectos que de algún modo pasaron desapercibidos. Me he referido tan sólo a tres.
Faltaría investigar sobre la presencia de las leyendas populares (influencia que vemos claramente, por ejemplo, en “El círculo” de Cerruto) o en lo mítico, y así también en la relación con las mitologías y tradiciones de culturas “extranjeras” que han permeado nuestra manera de ver el mundo y el pasado. Asimismo, y esto es fundamental, intentar construir una genealogía, acompañada de una reflexión profunda sobre la presencia de lo fantástico en nuestras letras modernas (estudio que deberá abarcar más que unas cuantas páginas y que tendría que recoger, por lo menos, lo escrito en los siglos XX y XXI).
Una antología es, ante todo, el choque de distintos lenguajes en torno a un territorio común. En Vértigos, antología boliviana de cuento fantástico encontramos esta tensión de dos maneras: al primera es la presencia de autores reconocidos1 y de noveles. En la convivencia de estas escrituras me parece que se encuentra una veta interesante que nos dice mucho de la literatura que se escribe actualmente en el país. La otra forma de esta tensión la reconocemos en las distintas maneras en las que los autores conciben lo fantástico. Esto nos ayuda a no asumir este género como algo estático y que parte de una fórmula o receta. En última instancia, también son importantes las distintas maneras de hacer ficción que se nos proponen; con esto volvemos a una de las posibilidades más importantes que nos brinda este género: reflexionar sobre la ficción y poner en crisis los límites de la narrativa.
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1 Pese a lo insulso de esta palabra no seme ocurre otra que pueda resumir lo que quiero decir.
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Extraído de Vértigos. Antología del cuento fantástico boliviano (Editorial El Cuervo, 2013)
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