Por Santiago Espinoza
Amaury Colmenares (Ciudad de México, 1986) no pensaba escribir una novela. Estaba enamorado y tomaba notas para hacer cartas de amor. Diez años después, tenía un libro de más de 240 páginas, con el que en 2024 ganó la primera edición del Premio Hispanoamericano de Narrativa “Las Yubartas”. Acequia (Dum Dum, 2024) es el título de esas palabras de enamoramiento que se multiplicaron hasta convertirse en un relato de relatos. El de una editorial embustera que se hace exitosa por publicar un libro de jardinería escrito por una tal J.L.P. Borges. El de un popular comediante que vive alejado de la escena pública y desencantado de su sentido del humor. El de dos buenos amigos, uno abogado y el otro guía turístico, que solo hablan por teléfono, nunca en persona. El de un niño y su perro al que se los traga un jardín. El de dos expertas en minería de datos y marketing digital que entienden como pocas los algoritmos de las redes. El de un viajero que se lanza a escribir una antología sobre los mitos cosmogónicos de todas las culturas. El de un balneario pesadillesco del que los turistas no pueden huir. Y, sobre todo, el de una ciudad absurda, la ciudad de la “eterna primavera”, “diseñada con trampantojos”, inventada por una serie de equívocos y narrada desde la imaginación de sus habitantes: Cuernavaca. Las cartas de amor a una persona devinieron en una carta de amor a una ciudad, la ciudad a la que Colmenares se fue a vivir desde muy chico, su ciudad.
El primer Premio “Las Yubartas” le concedió a Colmenares la posibilidad de que acequia se publique en diez países y bajo diez diferentes sellos editoriales de Iberoamérica. En Bolivia, estuvo a cargo de Dum Dum Editora, que este 2026 consiguió traer al autor mexicano a la Feria Internacional del Libro de La Paz, que se extiende hasta este 9 de agosto. Además de presentar su novela al público boliviano, el escritor tuvo chance de participar en conversatorios con colegas de otros países e interactuar con un grupo de lectores bolivianos que se acercaron a su obra. Su visita al país fue la oportunidad para hacerle esta entrevista en la que rememora el origen de su premiado libro, analiza su proceso de escritura, revela el lugar de Borges en sus páginas, cuenta la recepción que tiene entre los lectores de Cuernavaca y adelanta sus próximos proyectos literarios.
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¿Qué significa para ti presentar Acequia en Bolivia y, en particular, en la Feria del Libro de La Paz?
Poder viajar a distintos países para compartir mi trabajo literario. Es ante todo un enorme privilegio y en específico venir a Bolivia. Es la oportunidad de conocer un lugar del que he escuchado y visto tantas cosas. No estaba preparado para los paisajes y la apariencia de esta ciudad, en verdad de los lugares más especiales que he visitado.
El haber ganado el Premio Hispanoamericano de Narrativa “Las Yubartas” ha permitido que tu novela se edite y lea en una decena de países, bajo distintos sellos editoriales. ¿Cómo evalúas preliminarmente la recepción de Acequia en el mercado editorial iberoamericano?
Al ser editada por editoriales independientes, la recepción ha sido cálida y ha avanzado al ritmo de la recomendación de boca-boca. Poco a poco va creciendo su público y más allá del interés que una moda fabricada con mercadotecnia pueda generar, creo que ha ido despertando un interés genuino que va creciendo y que se ha ido reflejando en las comunidades lectoras, por ejemplo, de los clubes del libro de distintos países. En ese sentido me ha gustado mucho poder conversar con personas de los 10 países en los que se ha publicado y saber que en las librerías independientes también es recomendada por sus libreras y libreros.
¿Cuál es el germen de Acequia, si es que existe uno solo para una novela con tantas historias que muchas veces caminan solas y otras tantas se encuentran entre sí?
El germen de Acequia es un estado de ánimo en el que me encontraba, que fue de enamoramiento y de fascinación. Comencé a tomar notas y observar mi entorno de una manera peculiar con la intención de escribirle cartas de amor a una mujer y, poco a poco, esas notas trascendieron lo romántico y ese punto de vista se convirtió en un método de observación y, con el paso del tiempo, fue generando un estilo y comenzaron a nacer, personajes e historias.
Por lo que escribes en los agradecimientos al final del libro, se entiende que lo trabajaste por al menos una década. ¿Cómo fue el proceso de escritura y reescritura de Acequia? ¿En qué momento abandonaste el libro o este te abandonó?
Desde que empecé a escribir la obra en un archivo con el título “acequia” hasta que la terminé pasaron en efecto 10 años. El proceso de escritura fue de ir persiguiendo la experiencia estética que yo quería para quien leyera la novela y los abandonos del manuscrito ocurrieron en cada momento que me di cuenta que todavía no tenía el oficio suficiente para alcanzar el éxito del experimento. La escritura de la novela fue siempre muy dichosa y era un proyecto que me fascinaba y en el momento en el que empezaba a sentir demasiada duda o frustración lo abandonaba. Luego pasaba el tiempo y yo escribía otras cosas y aprendía nuevas estrategias y adquirían nuevas herramientas narrativas y, de pronto, se me ocurría alguna adecuación para Acequia y regresaba al manuscrito para revisarlo en su totalidad. Cada vez que la revisé respeté el corpus original, pero también fui agregando textos nuevos, y en la última revisión que duró un año fue que tuve la claridad de la estructura final de la novela y lo que quería que hiciera en la imaginación de quien la leyera, y entonces sí, fue momento de recortar y mover de lugar y hacer una reingeniería mayor. Ese último año de trabajo fue como trabajar con el material de otra persona. Ya había pasado tanto tiempo y yo me había transformado tanto en otra persona que tuve la distancia suficiente para entender el texto más allá de mi apego o de mi ego como artista.
Uno de los mayores desafíos para el lector es la estructura fragmentaria, episódica y aparentemente dispersa del libro. ¿Cómo encaraste un trabajo tan complejo de ensamblaje durante la escritura?
En un inicio no existía una intención de continuidad, simplemente había una especie de unidad de estilo, pero poco a poco, conforme se fueron manifestando las historias de cada fragmento y conforme la escritura automática fue generando personajes, yo mismo empecé a descubrir las coincidencias de lo que se me ocurría por inspiración. Dejé mi mente abierta al flujo de la imaginación para que fueran manifestándose las situaciones y poco a poco fui indagando por el contexto y las motivaciones de cada protagonista. Yo no quería forzar que todas estuvieran conectadas, pero gradualmente las utilizadas fueron sugiriendo sus propias conexiones y yo simplemente acomodé todo, de manera que quien leyera pudiera encajar todo. Pero tampoco era mi intención que fuera un rompecabezas en el sentido de que no creo que sea necesario leer la novela como una adivinanza, y más bien para mí es un paseo en el que puede o no que descubras las conexiones, porque mi pretensión era que se disfrutara incluso sin deducir la historia completa que se esconde en la novela.
Más allá de lo anecdótico del nombre J.L.P. Borges de un personaje del libro, ¿la presencia de laberintos y espejos a lo largo de Acequia es algo más que un guiño al escritor argentino?
Acequia está nutrida, de entre muchas otras cosas, de obras literarias que ponen en acción la imaginación de manera tan radical que trasciende el plano de la fantasía y empiezan a coquetear con la filosofía o con la magia. Los cuentos de Borges son recreaciones de paradojas tan poderosas, que en su mismo planteamiento hacen que ocurran cambios en la manera en la que entiendes la realidad. Más que un guiño, yo creo que en mi novela están incorporadas muchas de las maneras de pensar que cambiaron mi manera de entender la realidad, Borges incluido, por supuesto.
Siendo una novela que también funciona como un homenaje a Cuernavaca, ¿cómo se la ha leído o se la está leyendo en esa ciudad? ¿Qué dicen sus lectores y escritores sobre tu versión de Cuernavaca?
Varias personas de mi ciudad han apreciado la mirada que he aportado sobre Cuernavaca, sobre todo la gente que ahora vive lejos. Muchas veces me han dicho que no habían pensado de manera concreta o consciente muchas de las impresiones que yo recreo en la novela, es decir, me han dicho que he logrado conceptualizar y presentar de manera muy clara la experiencia subyacente de vivir en esa ciudad, una ciudad que por cierto es muy absurda, a veces muy ridícula, y cuando quiere también muy hermosa.
¿Cuánto de Amaury Colmenares hay en el personaje de Lópex Moctezuma, el historiador convertido en guía turístico que se inventa relatos sobre su ciudad para cautivar a sus interlocutores?
Nos parecemos en el sentido de qué yo estudié historia, pero tengo muy mala memoria y además hay muchos contenidos que me aburren muchísimo. Así que en mi época de universitario recurría mucho a la imaginación, tanto para entender los textos que leíamos como para presentar mis trabajos y ensayos nunca recurrí a la mentira, pero sí, avisé demasiado. La zona gris permitida por el rigor historiográfico.
El chiste y el humor configuran una piedra angular del libro. Una de sus tesis más estimulantes es la que coloca al chiste como un género literario tan autónomo como la novela y el cuento. ¿Te animarías a rastrear la tradición humorística en la que se inscribiría tu literatura? ¿Qué autores, libros, películas, comediantes, series estarían en el árbol genealógico de tu sentido del humor?
En el presente, el sentido del humor atraviesa una crisis muy peculiar. Hace mucho que no consumo alguna obra de arte que contenga humor de verdadera calidad. No sé si mi árbol genealógico humorístico realmente pueda provocar risas en la actualidad. Es decir, no sé qué tan vigente siga siendo ese humor, pero para responder de manera concreta a tu pregunta, mi educación humorística incluye productos argentinos como Mafalda y Les Luthiers y productos mexicanos como el “Santos contra la tetona Mendoza” y los artículos y novelas de Jorge Ibargüengoitia. Esos son los productos culturales que consumí en mi última infancia e inicio de mi adolescencia. Me parece que son obras de arte del género humorístico, es decir que cumplen con las características de una obra de arte y su intención primordial es hacer reír. No quiero ser redundante, pero a lo que me refiero es que en la actualidad hay productos de entretenimiento que pretenden ser humorísticos pero que carecen de la profundidad del arte y, por otro lado, las obras artísticas son demasiado serias.
Algo que también llama la atención de Acequia es su mirada paródica del mundo editorial y de su relación con las tecnologías y el marketing digital. ¿Qué significa ser un escritor de libros de papel (un artefacto que reivindicas en la novela) en tiempos de algoritmos, Inteligencia Artificial y lectores de memes?
Me encanta ser un escritor de libros de papel, que todavía tiene la oportunidad de viajar, conocer otros lugares y a otras personas. Estoy convencido de que lo que encuentra alguien a leer un libro literario, sobre todo impreso en papel, es una experiencia única que no podrá tener de ninguna otra manera y que además es enormemente placentera. No le tengo miedo ni a la Inteligencia Artificial ni a los memes; al contrario, son creaciones humanas que disfruto todos los días. No creo que exista una disyuntiva entre la lectura de literatura impresa y los nuevos medios digitales. Al contrario, creo que son actividades complementarias para una vida plena. Me toca aportar mi granito de arena para mantener vigente la increíble actividad de recrearse en la literatura.
¿En qué nuevos proyectos estás trabajando actualmente?
Tengo aproximadamente 10 libros que corresponden al universo de Acequia, pero en este momento estoy trabajando en un relato totalmente verídico que es algo que antes no había hecho. En mis novelas, siempre hay elementos que recrean vivencias o aspectos de la realidad, pero nunca me había puesto a escribir algún pasaje de mi vida tal cual ocurrió. Esta novela que estoy escribiendo ahora es sobre una experiencia liminal que tuve en una casa encantada, fue un evento para mí tan reveladora que no pude evitar empezar a escribir al respecto y llevo ya tres años. Estoy en ese proceso. Le tengo mucha paciencia a mi proceso, pero espero terminarla pronto para poder retomar los otros proyectos que se quedaron pendiente.
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Fuente: https://www.ramonacultural.com/contenido-r/amaury-colmenares-del-amor-al-humor-en-la-literatura/
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