10/28/2026 por Sergio León

Bernardo Paz: ‘En el fondo migrar es un impulso natural’

Por Carla Hannover

En el impulso migratorio de las aves hay cierta exactitud que por lo general les permite llegar a destino. ¿Existirá una precisión semejante en los impulsos humanos? Esa pregunta parece sobrevolar en La exactitud del instinto migratorio de los pájaros, la primera novela del escritor boliviano Bernardo Paz. Tras su presentación en febrero de este año en La Paz (Bolivia) y en junio en Barcelona (España), la obra llega a las estanterías de Berlín este 30 de octubre. El lanzamiento tendrá lugar, a las 19:00, en la librería Andenbuch, ubicada en Bergmannstr. 59.

La capital alemana, donde Paz reside desde 2022, fue también el lugar en el que escribió esta novela. Allí, no sólo se nutrió de las lecturas que le ofrecen las bibliotecas berlinesas, sino también que encontró en la soledad, que suele percibirse como una dificultad, un valor. Al escuchar a su alrededor un idioma que le resultaba ajeno, el bullicio se transformaba, paradójicamente, en una suerte de silencio que le permitió encontrar respuestas y nuevas formas de mirar y entender Bolivia. “En ese lugar de silencio y de distancia de repente puedes, por comparación, decir aquí funciona de esta forma, allá funciona de esta otra”, cuenta el escritor.

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En su novela, la urbe paceña –capital política de Bolivia y escenario de numerosas obras de ficción y de poesía de importantes autores bolivianos– es el escenario donde los personajes de Paz confluyen. Sin embargo, en la obra la ciudad no aparece tanto como una fuerza que determina el destino de quienes la habitan, sino como un espacio de encuentro o un lugar que los recibe. Muchos de sus protagonistas son migrantes cuyas historias, aparentemente dispersas, terminan entrelazándose, dejando así al lector la tarea de reconstruir los vínculos que las unen.

Uno de los puntos fuertes de esta novela es que permite al lector adentrarse en la vida de esos personajes que habitan principalmente la noche paceña y que forman parte del engranaje anónimo de una ciudad que apenas repara en ellos. Sin embargo, esa invisibilidad no significa que sus vidas carezcan de sentido o complejidad. Por el contrario, Paz presenta personajes como Sue Lang, una inmigrante china que —por una suerte de instinto de supervivencia— llega a la ciudad andina huyendo de un pasado que nadie desearía vivir. Sue vive sometida a una explotación continua en la chifa donde trabaja desde hace más de 20 años durante el turno de noche, a cambio de un sueldo casi inexistente. Pero esa no es la única forma de esclavitud que experimenta: también está atrapada en sus propios pensamientos, en los recuerdos de la vida que dejó atrás y en los temores que la acompañan desde su lugar de origen.

En esta novela, que según el autor se articula en torno a tres líneas argumentales —una de ellas protagonizada por Sue—, llama la atención la construcción de los personajes femeninos, un aspecto que abre una interesante vía de lectura de la obra. Se trata de las esposas de choferes y mujeres vinculadas al mundo del transporte público paceño, de quienes se podría suponer que cargan con el peso de una vida difícil. Sin embargo, más allá de los estereotipos, el autor explora las distintas formas en que estos personajes se relacionan con el mundo masculino que habitan. Desde la autonomía y la capacidad de afirmación hasta las contradicciones, los prejuicios y la introspección, en sí, hay una diversidad de voces que enriquecen el relato.

Las otras dos líneas argumentales nos remiten al universo de los choferes de autobuses –de la cual también forman parte estas mujeres– y también a la historia de Fibel, un conductor de televisión. Un elemento que podría funcionar como punto de contacto entre los personajes es la muerte, que atraviesa sus vidas de distintas maneras. Algunos conviven con la pérdida de sus seres queridos; otros están vinculados al hombre cuya muerte da lugar a una investigación policial, mientras que otros son responsables de actos violentos que acaban con la vida de su o sus víctimas. A través de las distintas formas en que los personajes se relacionan con la muerte, develan sus maneras de mirar y entender la vida. De esa forma Paz invita al lector a descubrir las historias que se esconden detrás de quienes suelen pasar inadvertidos y a reconocer la complejidad de sus mundos.

Nacido en Potosí, Bolivia, Bernardo Paz (1990) estudió Literatura en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y cursó un máster en Creación Literaria en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (España). Actualmente dirige la editorial independiente Parc. Su trabajo abarca la narrativa, la poesía, la música, la traducción y la edición. Es autor del poemario Clara (2018) y de varios cuentos publicados en revistas literarias. Actualmente radica en Berlín.

En esta conversación con La Ramona, el autor habla sobre el origen del libro, las posibilidades que ofrece la literatura para explorar la experiencia migratoria, las emociones y las nostalgias.

¿Cómo se origina esta novela y por qué sentías que tenías que contar esta historia?

Puedo mencionar dos aspectos de su origen, uno práctico y otro conceptual. Por un lado, diría que la novela empezó como la procrastinación de otra novela (que dejé a medias y todavía no termino). Durante una temporada, un amigo y yo nos reuníamos todos los días para hacer ejercicios de escritura. Eso me ayudó a generar una rutina que mantuve una vez que él ya no pudo continuar con las sesiones. En lugar de terminar la novela que tenía empezada, empecé a explorar los ejercicios que había escrito durante esa temporada. Ahí apareció Sue, uno de los personajes, y no pude abandonarla, después vino todo lo demás.

Y por otro lado (el conceptual),  lo que todavía no estoy entendiendo completamente es… claro, no puede ser casual hablar de migración cuando has migrado. Tal vez como una forma de entender qué es lo que está pasando, qué estoy haciendo, por qué lo estoy haciendo. Entonces, al final la escritura, al menos para mí, tiene que ver con eso, es como una forma de entender algo…

Escribiste esta novela en Berlín ¿qué le ha regalado esta ciudad a tu novela?

Concretamente lo que más me ha dado este lugar fue el acceso a las bibliotecas. Hay una biblioteca cerca de mi casa que casualmente tiene una gran selección en español. También la biblioteca del Instituto Ibero-americano que tiene todo lo que puedas imaginar. De repente tenía acceso a todo lo que no había podido leer estando incluso en Latinoamérica o en España y me fui alimentando un poco de eso. Fue medio contraintuitivo… estás en Alemania, en Berlín, y desde aquí puedes acceder a más cosas latinoamericanas.

Por otro lado, el no hablar el idioma ni entenderlo me abrió mucho el silencio, pues aquí estoy lleno de gente que, si habla en alemán, yo no los voy entender. Entonces para mí es como un silencio y puedo concentrarme en lo que tengo que hacer, que es algo que no pasaba en Bolivia.

Tu novela se titula La exactitud del instinto migratorio de los pájaros, ¿hay algo de ese título que pueda leerse como autobiográfico, es decir, te consideras un ave migratoria?

De alguna forma, sí. Yo había elegido los pájaros justamente por esta aparente sabiduría innata animal que tienen todos, pero específicamente los pájaros que migran. Tal vez eso era lo que yo quería agarrar, tratar de captar de dónde sale ese instinto natural de salir en un momento específico hacia un lugar específico. Creo que, como humanos, cuando migramos, puede parecer planeado, pero en el fondo es un impulso natural. Estamos o bien escapando de algo o bien atraídos por algo que está lejos. Entonces, en ese sentido, sí podría ser o aspirar a ser un pájaro.

El título de tu novela menciona la exactitud del instinto migratorio de los pájaros, pero los personajes de esta obra no están del todo seguros hacia dónde van… ¿Crees que los humanos tenemos algo de esa exactitud del instinto de los pájaros o es que lo hemos perdido?

Hace poco presentó esta novela Jorge Carrión, que era mi profesor. Él decía: «Bernardo nos tortura con el título, porque no lo ves, no entiendes el título casi hasta el final del libro», porque no habla literalmente de eso, sino que utiliza un poco esa idea como concepto para guiar las acciones de estos personajes. Creo que, mientras piensan e intentan actuar racionalmente frente a ciertas adversidades, ahí no hay esa exactitud; más bien, hay mucho error. Ahí los personajes se pierden y, en el momento en el que todo lo que les pasa se hace abrumador y ya no pueden acceder a esa parte más racional, aparece el cuerpo, lo animal, digamos, eso que es muy instintivo y que sistemáticamente los va empujando hacia afuera, fuera del peligro, fuera de lo que sea que los está amenazando. En ese momento sí hay algo exacto, preciso, perfecto.

Me llama la atención la construcción que hiciste de los personajes femeninos…

Todos los personajes femeninos en la novela los trabajé siempre pensando en que eran voces que el texto pedía. En ese sentido me volví como un puente. Durante toda la etapa de escritura leí mucha literatura que trabajaba personajes femeninos. Y ese siempre es mi referente mayor. La literatura. Hace poco releí La hora de la estrella, de Clarice Lispector, y noté que me había influenciado mucho, aunque leí esa novela hace muchos años. Hay influencias conscientes, pero también pesan mucho las que llegan sin aviso y que siempre estuvieron esperando.

¿Cómo trabajaste la construcción de esas voces para que cada una tuviera su propia manera de mirar el mundo?

Dediqué mucho tiempo a este asunto. Hice muchas pruebas antes de encontrar las formas que me parecieron adecuadas para cada propósito. La voz que narra a Sue Lang es el centro de todo. Partí por ahí.

Por un lado, me sirvió pensar no en cómo ven el mundo estos personajes sino en qué esperan del mundo. Creo que ahí se destila una forma particular de habitar un lugar (en la novela, y en la vida en general). Unos esperan justicia, otros quieren redención, otros violencia, etc. y en el desarrollo de estos conceptos aparece su subjetividad, su particular forma de ser y, por lo tanto, de decir. Por otro lado, algo que le impuse al libro fue la variedad. El libro tiene tres grandes líneas argumentales divididas en varios capítulos que se intercalan bajo una secuencia lógica. La estructura del libro es como un triángulo, el lector va “circulando” por cada punto de ese triángulo de manera cíclica (historia 1, historia 2, historia 3, historia 1, historia 2, historia 3, etc.) y quería que cada punto de ese triángulo explorara una forma diferente de narrar. No solo en cuanto a la focalización de los narradores, también en cuanto al vocabulario y cuestiones retóricas. Los capítulos “raros” donde no hay narrador, sino tablas o papeles sueltos, por ejemplo, responden a restricciones que le impone la historia y ahí está el tipo de diálogo entre fondo y forma que me interesaba explorar.

¿Hay cosas de Bolivia o de La Paz que has podido ver con más claridad estando  afuera?

Sí. Tal vez todo en general, desde ese lugar de aislamiento, de silencio, de distancia… de repente puedes, por comparación, decir aquí funciona de esta forma, allá funciona de otra forma. Cuando estás (en tu país o ciudad) no te das cuenta de muchas cosas porque no tienes con qué comparar. Pero sí, puedes ver todo desde un nivel un poco más macro: política, sociedad y demás hasta cosas muy específicas como la propia familia: cómo funcionaban esas dinámicas, cosas que muchas veces damos por sentado y que con la distancia más bien se van destilando.

¿Qué desafíos te planteó trabajar La Paz desde la ficción? ¿Cómo encontraste tu propia forma de representar una ciudad que ya tiene una presencia importante en la literatura boliviana?

No pensé en toda la carga simbólica que ya tiene la ciudad más que para evitar lugares comunes. Me parece que no importa cuánto se escriba sobre un tema concreto (La Paz, por ejemplo), lo importante es renovar las asociaciones y las formas de mirar. Si no, más que repetir una ciudad (y mucho peor) estaríamos repitiendo afinidades que después se cristalizan y se vuelven clichés duraderos; en otras palabras: estaríamos agotando el lenguaje. Elegí La Paz porque es una ciudad que conozco, pero para mí la ciudad en mi novela es un pasillo con cientos de puertas que te llevan a los lugares que realmente me interesa narrar: un bus, una cocina, una cantina, etc.

Texto y foto principal: Carla Hannover / Berlín

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Fuente: https://www.ramonacultural.com/contenido-r/bernardo-paz-en-el-fondo-migrar-es-un-impulso-natural/?fbclid=IwdGRjcAVPASdjbGNrBU8A82V4dG4DYWVtAjExAHBkb2YFc3J0YwZhcHBfaWQMMzUwNjg1NTMxNzI4AAEeZOIy4r3LrYYBfbBbrnVC8BkEXRYzi2DfR3RMZ5K8yycbzDGbmroo3QvHCJ8_aem_NUFakNWxsuCpHbQJoS2hyw

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